Estimados jóvenes, amigos, familia:
Después del empacho sobrecargado de fiestas navideñas, tenemos el privilegio de ser los primeros en escribir la carta vocacional del inicio del año 2022. Vamos ya dos años de estar en muchos lugares encerrados, confundidos y estresados. Sin embargo, hoy en esta carta, queremos hablarte de lo bonito, del arcoíris después de la tormenta. Cada línea pretende ser un testimonio para ti que quizá estás buscando una respuesta.
El inicio de este nuevo año te permite empezar a escribir una nueva historia y toda historia cuenta con un aspecto especial, en este caso te queremos hablar de tu vocación como seglar. Para hablar de un nuevo año tenemos necesariamente que revisar los años que ya se fueron: Muchos de nosotros, por ejemplo, hemos participado de pastorales juveniles, familiares, de salud, vocacionales, entre otras y hemos desempeñado un rol como laicos comprometidos con nuestra Iglesia y nuestro carisma claretiano.
En ese sentido, es importante recordar lo bien que la pasamos sirviendo al otr@ en la Iglesia, el empeño que le pusimos a esa misión con niños, jóvenes o adultos y las renuncias que decidimos hacer por esa entrega generosa de tiempo a los demás. Es ahí donde nuestra vocación se transparenta y nos muestra que estamos llamados a trascender.
Así nació nuestra vocación: En una pastoral juvenil de una parroquia claretiana, en la que servimos 15 años de nuestras vidas al servicio de jóvenes, 15 años que nos sirvieron para plantearnos las preguntas “¿a qué nos sentimos llamados?” y “¿de qué forma queremos servir a Dios?”. Tomando en consideración que la Familia Claretiana nos ofrece una rama en la que podemos vivir el carisma bajo el modelo de San Antonio María Claret, optamos por iniciar un itinerario de discernimiento seglar, decisión que nos cambió la vida a ambos.
Sí, a ambos, porque en medio de ese discernimiento, estábamos en preparación para nuestro ansiado día: “nuestro matrimonio”. Ambos procesos de preparación se complementaban: Por un lado, el discernimiento seglar nos acercó a la vocación como laicos claretianos y nos permitió ingresar a una gran familia en la que se juntan distintas nacionalidades, idiomas, culturas, pero en las que nos une un solo Cristo. Por otro lado, en medio de esa preparación, el discernimiento como novios consolidó nuestra relación para recibir finalmente el sacramento del matrimonio.
El tema del noviazgo es un tema serio que implica hacerse preguntas serias y ser acompañados en esa preparación, la cual será posteriormente el cimiento de la casa que irás construyendo junto a tu pareja ya como matrimonio. Seguramente eres uno de esos jóvenes que están enamorados, que les gusta alguien o que han decidido trascender en su vida con algo más que solo comprometerse en su vida pastoral.
De repente sientes que Cristo te está llamando para algo más importante, pues bien: Este es el inicio para plantearte si te sientes identificado de tal forma con el carisma claretiano y quieres ponerle un sello a ese compromiso, siendo un seglar del Movimiento de Seglares Claretianos, y si estás en pareja, preguntarte si se están preparando para asumir el gran reto del matrimonio.
En ambas vocaciones nosotros encontramos a Cristo diariamente, en la cotidianeidad, en los gestos, en nuestras peleas, en nuestras reconciliaciones, en nuestras reuniones comunitarias, en nuestros temas formativos, en los encuentros internacionales, en nuestras conversaciones interculturales y en las otras formas de vivir el carisma claretiano.
Lima, Perú.
3 de enero de 2022.








