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(1) La Familia Claretiana
La Familia Claretiana es una gran familia de discípulos y discípulas misioneros que comparten el carisma de san Antonio María Claret. Está formada por distintas congregaciones, institutos y movimientos laicales que, desde vocaciones diversas, viven una misma pasión: seguir a Jesús, anunciar el Evangelio y servir a la Iglesia y al mundo con el estilo del Corazón de María.

En ella, la vocación claretiana se expresa de muchas maneras: en la vida laical, en la vida consagrada, en el ministerio ordenado y en múltiples formas de misión compartida. Lo que nos une no es hacer todos lo mismo, sino vivir el mismo espíritu: poner a Cristo en el centro, caminar en fraternidad y salir al encuentro de las personas, especialmente de quienes más necesitan esperanza.

Conocer la Familia Claretiana es descubrir la riqueza de un mismo carisma vivido en muchos caminos de seguimiento y misión.

(2) Las vocaciones claretianas
La vocación claretiana se vive de formas diversas dentro de una misma familia espiritual y misionera. En la Familia Claretiana encontramos laicos y laicas, un instituto secular, congregaciones religiosas femeninas y la Congregación de los Misioneros Claretianos. Todos comparten la inspiración de san Antonio María Claret, el amor al Corazón de María y la pasión por anunciar el Evangelio.
Estas son las principales vocaciones claretianas:
•  Filiación Cordimariana (HICM)
Mujeres consagradas insertas plenamente en el mundo, llamadas a ser fermento en la masa y a llevar el Evangelio a la vida cotidiana.
•  Seglares Claretianos (SC)
Laicos y laicas que viven el espíritu de Claret en medio del mundo, trabajando por la extensión del Reino de Dios con su testimonio, su compromiso y su acción evangelizadora.
•  Misioneros Claretianos (CMF)
Sacerdotes, diáconos y hermanos que viven en comunidad misionera al servicio de la Palabra. Su misión se alimenta de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, con una atención especial a las personas más excluidas y vulnerables.
•  Misioneras Claretianas (RMI)
Religiosas llamadas a implicarse en la realidad de la gente al estilo de Jesús, especialmente junto a mujeres, niños, enfermos, pobres y personas extranjeras o descartadas.
•  Misioneras de María Inmaculada (MMI)
Congregación religiosa femenina que orienta su misión hacia los más pobres, especialmente las mujeres, con un servicio evangelizador cercano y comprometido.

•  Misioneras Cordimarianas (MCM)
Viven la misión con sencillez y alegría, formadas en la Fragua del Corazón de María y entregadas al anuncio del Evangelio.
• Misioneras de la Institución Claretiana (MIC)
Viven “con y como María”, cultivando una espiritualidad de oración, silencio interior y escucha de la Palabra, al servicio de la misión.
•  Misioneras de San Antonio María Claret (MSAMC)
Llamadas a configurarse con Jesús Misionero del Padre, viven el anuncio de la Palabra y el servicio de la caridad con fuerte espíritu misionero.
Una misma llamada, muchos caminos
La riqueza de la Familia Claretiana está en mostrar que un mismo carisma puede tomar formas diversas. Así, estas vocaciones expresan la belleza de seguir a Jesús desde distintos estados de vida, siempre en clave misionera, fraterna y de misión compartida.

(3) Rasgos de la vocación claretiana
Las distintas vocaciones claretianas comparten una misma raíz espiritual y misionera. Aunque se expresan de maneras diversas, todas nacen del carisma de san Antonio María Claret y participan de un mismo modo de seguir a Jesús y servir al Evangelio.
Estos son algunos de sus rasgos más característicos:
Claret, inspirador de esta familia
En la vida de san Antonio María Claret reconocemos un modo concreto de escuchar a Dios, dejarnos enviar y vivir con pasión misionera.
Presencia de María
El Corazón de María ocupa un lugar central en la espiritualidad claretiana. Ella acompaña, forma y anima nuestro seguimiento de Jesús y nuestra entrega a la misión.
Centralidad de Jesucristo Evangelizador
La vocación claretiana nace del encuentro con Jesús y del deseo de seguirlo de cerca. Él es el centro de la vida, de la oración y de la misión.
Docilidad al Espíritu
El Espíritu Santo impulsa a discernir, salir al encuentro, anunciar la Buena Noticia y responder con creatividad a los desafíos de cada tiempo.
Sentido misionero
Toda vocación claretiana está orientada a la misión. No se vive para uno mismo, sino para colaborar con la obra de Dios en el mundo.
Dimensión comunitaria
La vocación claretiana se vive con otros. La fraternidad, la comunión y la colaboración forman parte esencial de este carisma.
Amor a la Iglesia y cercanía a los pobres

El espíritu claretiano lleva a amar y servir a la Iglesia, con una atención especial a las personas más vulnerables, excluidas o necesitadas de esperanza.
Compromiso con la justicia, la paz y el cuidado de la creación
La misión claretiana no se limita al anuncio verbal. También busca transformar la realidad desde el Evangelio, promoviendo la dignidad humana, la reconciliación y el cuidado de la casa común.
Misión compartida
Las vocaciones claretianas crecen y se enriquecen en la colaboración. Cada rama aporta sus dones propios, y juntas expresan la riqueza de un mismo carisma al servicio del Reino.
Una misma fuente, muchos caminos
Así, la vocación claretiana une contemplación y misión, Palabra y vida, fraternidad y servicio. Sus distintas expresiones muestran la riqueza de un mismo carisma vivido en comunión y al servicio del Evangelio.

(4) Los misioneros claretianos
Los Misioneros Claretianos somos la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, fundada por san Antonio María Claret el 16 de julio de 1849 en Vic, España, junto con sus primeros compañeros. Nuestro nombre expresa una identidad muy concreta: somos hijos del Corazón de María y misioneros enviados a seguir a Jesucristo y a anunciar el Evangelio con pasión.
La vocación claretiana CMF es una forma concreta de vivir el seguimiento de Jesús al estilo de Claret: con corazón misionero, en fraternidad apostólica y al servicio del Reino. La misión no es algo añadido, sino el centro mismo de nuestra identidad. Por eso nos entendemos como oyentes y servidores de la Palabra, hombres abiertos al Espíritu, formados en comunidad y enviados a evangelizar.
Vivimos nuestra misión en campos muy diversos: educación, parroquias, acción social, acompañamiento de jóvenes, comunicación, diálogo intercultural e interreligioso, y compromiso con la justicia, la paz y el cuidado de la casa común. Queremos evangelizar escuchando a los pobres, trabajando con otros y llegando también a las periferias humanas y al continente digital. Hoy los Misioneros Claretianos estamos presentes en los cinco continentes, en una amplia variedad de culturas y contextos. Somos una Congregación intercultural y abierta a la misión universal.

(5) Cómo se vive las vocación claretiana en la Congregación
Dentro de la Congregación, la única vocación misionera claretiana se vive de manera diversa. Todos compartimos la misma raíz: el don de la vocación apostólica, la consagración religiosa, la vida comunitaria, la impronta de san Antonio María Claret y la misión como centro de nuestra vida. Esa vocación común se concreta con rasgos propios en los hermanos, los diáconos y los presbíteros.
En los aspectos comunes, solo puliría algunos títulos para que no todos empiecen igual:
•  Un mismo don vocacional
•  Una misma consagración
•  Una identidad claretiana compartida
•  Horizonte de configuración con Cristo misionero
•  Una comunidad apostólica
•  Una sola misión
Y los párrafos finales de cada forma vocacional los dejaría un poco más limpios:
Los hermanos claretianos
Los hermanos viven la vocación claretiana como laicos consagrados. Su rasgo más propio es el testimonio de la fraternidad: una vida de comunión, cercanía y hermandad que se vuelve signo profético en la Iglesia y en el mundo. Aportan de modo particular la presencia evangélica en ámbitos profesionales, técnicos, educativos, sociales y culturales, y enriquecen la misión con su sencillez, su creatividad y su cercanía a la vida cotidiana de las personas.
Los diáconos claretianos
Los diáconos viven su vocación configurados con Cristo Siervo y Buen Pastor. Su ministerio se expresa especialmente en el servicio de la Palabra, la liturgia y la caridad. Están llamados a anunciar la Buena Noticia, fortalecer el amor fraterno y dar testimonio de una Iglesia servidora. En ellos resalta de modo especial la caridad como forma concreta de entrega y servicio.
Los presbíteros claretianos
Los presbíteros viven la vocación claretiana configurados con Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia. Son, ante todo, predicadores de la Palabra al estilo de los Apóstoles, en comunión con Jesús y los suyos, en clave misionera. Su vocación integra el anuncio profético, la celebración sacramental, el acompañamiento pastoral y el servicio a la comunión eclesial, con cercanía al pueblo y disponibilidad misionera allí donde la Iglesia más lo necesita.
Una sola vocación, vivida de formas diversas
En la Congregación, la vocación claretiana se expresa en formas complementarias. Hermanos, diáconos y presbíteros comparten una misma consagración y una misma misión, pero las encarnan con acentos propios. Esta diversidad enriquece la vida de la Congregación y manifiesta la riqueza del carisma recibido por san Antonio María Claret.

(6) Celebrar la vocación claretiana

Cada 31 de mayo celebramos el Día de las Vocaciones Claretianas. Es una oportunidad para dar gracias a Dios por la llamada recibida, pedir nuevas vocaciones y renovar nuestro compromiso con la misión. Esta iniciativa responde al llamado del XXVI Capítulo General, que nos invita a acercarnos a los jóvenes, caminar con ellos, acompañarlos en su discernimiento y fortalecer una pastoral vocacional que promueva las distintas formas de vida cristiana y, de modo especial, nuestra vocación misionera claretiana. En este espacio compartimos materiales para animar la oración, la reflexión y la celebración de este día en comunidades, obras apostólicas y plataformas pastorales.