Bolawalana, Sri Lanka, 7 de marzo de 2026
Queridos hermanos y hermanas,
Tomamos la palabra profundamente preocupados ante la trágica escalada de violencia y guerra en Oriente Medio. Ante los ojos del mundo, la destrucción responde a la destrucción y la voz de las armas ahoga el lenguaje del diálogo. Las principales víctimas de esta espiral de violencia son personas inocentes: familias desplazadas, niños que viven con miedo y comunidades que sufren pérdidas inconmensurables.
Esta dolorosa realidad revela una verdad inquietante: a menudo, el mundo sigue a merced de quienes manejan las armas de destrucción, en lugar de quienes abogan por la paz. Pedimos a los responsables de la violencia que detengan el uso de las armas, protejan a los civiles, permitan la asistencia humanitaria y abran caminos a un inmediato alto el fuego inmediato y a un diálogo serio. Como nos recuerda el profeta, Dios desea la llegada de un día en el que «ninguna nación levantará la espada contra otra nación» (Is 2, 4).
Lamentamos la debilidad de la comunidad internacional a la hora de responder con eficacia a esta tragedia. Las instituciones creadas para salvaguardar la paz no deben permanecer ineficaces mientras los conflictos se intensifican y la sucesión de acciones de venganza agrava el sufrimiento. No debemos dejar de soñar que es posible un mundo en el que las naciones, con toda la diversidad que Dios les ha dado, coexistan en dignidad, justicia y respeto mutuo.
También debemos reconocer las raíces más profundas de la violencia: el comercio mundial de armas, la normalización de las represalias y la manipulación de la religión o la identidad para justificar el odio y la división. La existencia de armas nucleares y de otros instrumentos de destrucción masiva y la posibilidad de que su número aumente supone una grave amenaza para la humanidad y para nuestra casa común.
Toda persona es hijo o hija de Dios, y la tierra es la casa común confiada a nuestro cuidado. El nombre de Dios nunca puede invocarse para atacar a otro ser humano. Ningún interés político o ideología puede justificar la destrucción de la vida humana o la negación de la dignidad y derechos de personas y pueblos.
Invitamos a los líderes y a las naciones a que respeten la dignidad humana, el derecho internacional y los derechos humanos, optando antes por el diálogo y la negociación que por la represalia y la violencia, y trabajando en pro de soluciones políticas justas y duraderas.
A nuestros hermanos de Congregación, a quienes comparten misión con nosotros y a todas las personas de buena voluntad: no nos volvamos indiferentes al sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas. En muchas partes del mundo acompañamos a comunidades que viven bajo la amenaza de la violencia y el conflicto. Fortalezcamos nuestro compromiso con la construcción de la paz, la defensa de la justicia y el acompañamiento de quienes sufren.
La colaboración entre las religiones en la construcción de la paz es muy importante. Cuando los creyentes trabajamos juntos en el respeto mutuo, damos testimonio de que la fe puede ser una fuente de reconciliación y no de división.
En comunión con el Papa León XIV, solidarios con las víctimas, invitamos a nuestras comunidades a la oración, el ayuno y la reflexión por la paz. Utilicemos nuestros ministerios y plataformas sociales para promover la reconciliación, el diálogo y la construcción de la paz. Cuando respondemos con compasión, valentía y solidaridad, nos convertimos en colaboradores de Dios en la construcción de un mundo más fraternal y justo, donde la violencia da paso a la reconciliación y se respeta la dignidad de cada persona.
Declaración del Gobierno General y los superiores mayores de los Misioneros Claretianos, unidos en oración y solidaridad a todos los que trabajan por la paz y la reconciliación.
![[2026-03-09] Appeal for Peace](https://i0.wp.com/www.claret.org/wp-content/uploads/2026/03/2026-03-09-Appeal-for-Peace.png?fit=1920%2C1080&ssl=1)







