“Se despojó a sí mismo, asumiendo la naturaleza de siervo, hecho a semejanza humana, y en su apariencia fue hallado como hombre» – Flp. 2, 7.
Me siento muy feliz y privilegiado de poder expresar mis experiencias sobre la misión en las periferias. Pertenezco a una familia pobre que depende totalmente de la agricultura y de otros cultivos para gestionar la situación económica familiar. Económicamente era difícil sacar adelante a la familia, pero gracias al trabajo duro y a los esfuerzos constantes de mis padres pude completar mis estudios con éxito. Crecí en un ambiente familiar sencillo, bueno y trabajador, profundamente arraigado en Cristo Jesús. Además, la belleza de mi familia es la unidad. Trabajamos juntos, rezamos juntos y nos apoyamos juntos especialmente durante las dificultades. Esto es lo que aprecio y colaboró con mi bienestar espiritual, físico y social. Me encontré con diferentes realidades y diferentes problemas durante la época en que asistía a la escuela hasta que terminé mis estudios intermedios, pero aun así el plan de Dios es único y especial para cada uno de nosotros. Agradecí a Dios todopoderoso por estar conmigo, con mi familia y por darme la hermosa vocación claretiana. La profunda fe en Cristo Jesús y la fortaleza espiritual de mi familia me motivaron con celo misionero para trabajar por los pobres y marginados.
Al principio deseaba ser sacerdote y me encantaba su forma de hacer misión, pero debido a mi nivel medio en los estudios, no pude entrar en el seminario, aunque las visitas de diferentes padres y hermanas misioneros a mi parroquia y a mi familia tuvieron un gran impacto en mi vida. También me inspiraron mucho las visitas del párroco a las familias pobres, enfermas y sufrientes. Pude ver el resultado de su visita en las familias, en las personas y en su vida. Me inspiró su dedicación y compromiso. Movido por el mismo espíritu, empecé a reflexionar y a planear mi ingreso en el seminario. Pero la falta de orientación y las incapacidades personales me hicieron desistir y me confundieron a la hora de tomar una decisión concreta. La llegada de muchas congregaciones a mi parroquia también me confundió sobre mi vida y mi vocación. Llegó el momento en que tuve que decidir y definir mi vida. Estaba indefenso sin una guía adecuada, pero el plan de Dios se hizo realidad una vez más a través de mis queridos padres. Me guiaron para que me uniera a la hermosa congregación claretiana y empecé mi camino vocacional como misionero claretiano. Cuando entré en el seminario, me sentí feliz y las bendiciones especiales de Dios surgieron dentro de mí. Podía estudiar bien, rezar bien y comprometerme totalmente con Dios. Utilicé con provecho mi tiempo de formación para moldearme tanto como fuera posible y estar bien equipado para la misión. Realmente fue una bendición para mí recuperar mi fuerza oculta. Creo que Dios está siempre conmigo y lo estará para siempre. Suelo rezar una sencilla oración durante mi tiempo de oración personal y también en mi tiempo libre: “Dios, solo soy un niño pequeño, que cambios puedo hacer sin ti. Dame el poder del Espíritu Santo y guíame, para que pueda llegar a ser un buen sacerdote y dar testimonio de Cristo”. Esta oración me ayudo y guió mucho en mis pruebas misioneras.
Después de mis estudios y la formación, me enviaron para el ministerio del Diaconado en un lugar muy interior. Fue un poco decepcionante para mí, pero aun así lo acepté con actitud positiva. Me hizo un misionero más abierto y alegre. Aprendí el idioma y la cultura locales y me adapté a la situación. Así es como empecé mi trabajo misionero en las periferias. Desde el diaconado hasta ahora, como sacerdote, trabajo en lugares muy interiores, por los pobres y los marginados. Les escucho, rezo con ellos, estar con ellos en sus dificultades me ha dado la satisfacción interior y la alegría de ser misionero en la viña de Dios. Conocer su cultura, conocer sus lenguas, visitarles especialmente en el sufrimiento me hizo más disponible, abierto y comprometido misionero. Pude sentir y experimentar el dolor y el sufrimiento de la gente pobre. Nunca anhelé cambios extraordinarios en sus vidas, pero mi humilde y sencilla oración con Jesús era estar con ellos en sus dificultades y en algunos de los lugares donde la gente ha experimentado la presencia de Dios. Doy lo mejor de mi parte para la misión, nunca me resistí a ayudar a los pobres y necesitados. Cuando me reunía con los pobres y escuchaba sus dificultades y sus vidas experimentaba la presencia de Dios en mí. Nunca me ha interesado vivir en la ciudad y trabajar para gente selecta. Personalmente, siento y experimento la presencia de Dios y que Dios es conocido en las periferias por los necesitados y los pobres. Esta conciencia interior y el espíritu interior me movieron a hacer misión en las periferias. Durante este tiempo, reflexioné, oré bien y fui capaz de entender el valor de mi vida y el propósito de la llamada que he recibido de Dios. Muchas oportunidades y las bendiciones que Dios me ha dado a través de la congregación claretiana. En cualquier lugar donde se me asigne a la misión, sigo desarrollando y mejorando mis habilidades y cualidades. Por la gracia de Dios y su guía, he podido experimentar el poder espiritual, las habilidades pastorales y la fuerza física para hacer misión en las periferias. Mi vida sencilla y mi planteamiento simple supusieron un gran cambio en las periferias. La misión en las periferias me ha hecho comprender a Dios y a su pueblo. Gracias a Dios todopoderoso por estar conmigo a lo largo de mi vida y proclamar la buena nueva al mundo entero.
Para terminar, me gustaría decir que hay que hacer las cosas sin esperar nada a cambio y así se recibirá sin esperar nada a cambio. Dame, Dios mío, un corazón vigilante que ningún pensamiento perturbador pueda apartar de ti. Dame un corazón noble que ningún deseo indigno pueda degradar. Dame un corazón libre que pueda dar testimonio de Cristo el Señor.
Nuaon (India)
Abril de 2025








