{"id":14107,"date":"2018-04-02T00:00:10","date_gmt":"2018-04-01T22:00:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.claret.org\/?p=14107"},"modified":"2018-04-02T00:00:10","modified_gmt":"2018-04-01T22:00:10","slug":"2-abril","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.claret.org\/es\/2-abril\/","title":{"rendered":"2 Abril"},"content":{"rendered":"<div class=\"field field-name-field-meditacion-cita-texto field-type-text-long field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">Ser devoto de Mar\u00eda es una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n, as\u00ed como una marca de reprobaci\u00f3n el no ser devoto de Mar\u00eda o ser contrario a su devoci\u00f3n. La raz\u00f3n es muy clara, nadie se puede salvar sin el auxilio de la Gracia, que viene de Jes\u00fas, como Cabeza que es de su Cuerpo M\u00edstico, la Iglesia. Ahora bien, Mar\u00eda es como el cuello que junta, por decirlo as\u00ed, el cuerpo con la cabeza y como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, as\u00ed las gracias de Jes\u00fas pasan por Mar\u00eda y se comunican al cuerpo, es decir a sus devotos que son los miembros vivos.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"field field-name-field-meditacion-cita field-type-text field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">Carta a un devoto del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda, en EC II, p. 1504s<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"titulo-meditacion\">\n<h2>MAR\u00cdA MEDIADORA<\/h2>\n<\/div>\n<div class=\"field field-name-body field-type-text-with-summary field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">\n<p>Esta imagen de Mar\u00eda como \u201ccuello\u201d, por el cual pasa la vida de la cabeza al resto del cuerpo, Claret pudo encontrarla en escritos de San Alfonso de Ligorio (s. XVIII)  y de San Bernardo (s. XII), a cuya lectura fue muy aficionado. Pero en los c\u00edrculos mariol\u00f3gicos actuales ya no se usa, quiz\u00e1 porque es demasiado material. Seg\u00fan la teolog\u00eda de hoy, las \u201cgracias\u201d no pasan por ninguna parte; la Gracia es el amor y la presencia de Dios actuante en nosotros, como una extensi\u00f3n del amor del Padre sobre la humanidad de Cristo Jes\u00fas. Y la recibimos mediante la fe.<br \/>\nPero Mar\u00eda es la fe viviente y de Ella recibimos la fe en Jes\u00fas, que nos une a su humanidad santa. En la humanidad de Jes\u00fas recibimos la presencia de la Trinidad que nos santifica. En ello debi\u00f3 de pensar Pablo VI, cuando en el Concilio declar\u00f3 a Mar\u00eda, solemnemente, \u201cMadre de la Iglesia\u201d. Con gozo la podemos llamar Madre de la fe, Madre de la gracia, Madre del Cristo total.<br \/>\nDebe quedar claro que esta realidad teol\u00f3gica de la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda est\u00e1 aceptada ya hace siglos en la Iglesia. Y muchos obispos pidieron fuera declarada dogma en el Vaticano II. Pero este Concilio no pretend\u00eda promulgar dogmas, aunque s\u00ed alimentar a los fieles con buena doctrina teol\u00f3gico-espiritual. Y efectivamente el Vaticano II aclar\u00f3 las cosas. Despu\u00e9s de reafirmar que uno solo es el Mediador (cf. 1Tim 2,5-6), establece el papel preciso de la mediaci\u00f3n mariana: \u201cLa misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder\u2026pues el influjo salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Virgen\u2026 no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino benepl\u00e1cito\u2026 Y lejos de impedir la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta\u201d (LG 60). Y, un poco m\u00e1s adelante, el Concilio a\u00f1ade que Mar\u00eda es invocada como Mediadora y \u201ccuida de los hermanos de su Hijo\u201d (LG 62).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser devoto de Mar\u00eda es una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n, as\u00ed como una marca de reprobaci\u00f3n el no ser devoto de Mar\u00eda o ser contrario a su devoci\u00f3n. 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