{"id":28960,"date":"2018-09-23T00:00:40","date_gmt":"2018-09-22T22:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.claret.org\/?p=28960"},"modified":"2018-09-23T00:00:40","modified_gmt":"2018-09-22T22:00:40","slug":"23-septiembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.claret.org\/es\/23-septiembre\/","title":{"rendered":"23 Septiembre"},"content":{"rendered":"<div class=\"field field-name-field-meditacion-cita-texto field-type-text-long field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">*229. &#8211; \u00abJesucristo fue colocado en un sepulcro nuevo de piedra. Y nos ense\u00f1\u00f3 c\u00f3mo gusta que le coloquemos, por medio de la comuni\u00f3n, en el coraz\u00f3n, que debe ser nuevo por la confesi\u00f3n, de piedra por la constancia y con aromas de virtudes\u00bb<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"field field-name-field-meditacion-cita field-type-text field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">Reloj de la pasi\u00f3n, en EE p. 200<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"titulo-meditacion\">\n<h2>APOSENTO PARA JES\u00daS<\/h2>\n<\/div>\n<div class=\"field field-name-body field-type-text-with-summary field-label-hidden\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item even\">\n<p>El se\u00f1or nos ha dejado un sacramento expresamente para que experimentemos su perd\u00f3n. Es un medio de conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s. Es tambi\u00e9n una preparaci\u00f3n para la correcta celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Al recibir la comuni\u00f3n, nuestro interior se convierte en morada de Jes\u00fas (cf. Jn 6,58). Su presencia divina merece sumo cuidado en que le brindemos un aposento limpio, bien decorado.<br \/>\nLa Eucarist\u00eda, que culmina con la recepci\u00f3n del pan consagrado, comienza con un \u201cacto penitencial\u201d, que prepara a la escucha de la Palabra y a la consagraci\u00f3n y comuni\u00f3n sacramental: somos indignos, pobres, pero el se\u00f1or quiere hacer de nosotros su casa. Si sentimos la presencia viva de Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda, reconoceremos la dignificaci\u00f3n de todo nuestro ser por esa presencia, y tambi\u00e9n la necesidad de que esa morada que se digna habitar sea lo menos indigna posible (Mt 5,8). Esto nos exige buscar siempre la \u201climpieza de coraz\u00f3n\u201d. Ya San Pablo lamentaba que algunos celebraban la Eucarist\u00eda de una manera indigna (cf. 1Cor 11, 27-29). Quiz\u00e1 necesitemos, sobre todo, evitar la rutina, frivolidad o frialdad.<br \/>\nPor m\u00e1s que Jes\u00fas frecuentase la compa\u00f1\u00eda de \u201cimpuros\u201d y pecadores, la existencia de quienes se encontraban con \u00e9l quedaba transformada; en nuestro caso no debiera ser menos. Cuando acogemos en casa a una persona que nos es muy querida o importante, nos preocupamos por tener nuestro entorno limpio y bien arreglado, para que la estancia entre nosotros le resulte agradable. Ahora bien, Jes\u00fas supera a todas esas personas amigas o importantes; todo lo que hagamos por ofrecerle una morada acogedora nos parecer\u00e1 poco.<br \/>\n\u00bfCon qu\u00e9 frecuencia y con qu\u00e9 actitud vivo yo mis eucarist\u00edas? \u00bfSon siempre impactantes, \u201cestremecedoras\u201d, o se apodera de ellas la \u201ccostumbre\u201d? \u00bfTengo capacidad de silencio, recogimiento, o me lo impiden mis h\u00e1bitos de ruido y extroversi\u00f3n?<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*229. &#8211; \u00abJesucristo fue colocado en un sepulcro nuevo de piedra. 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