{"id":61875,"date":"2019-09-17T18:09:08","date_gmt":"2019-09-17T16:09:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.claret.org\/?p=61875"},"modified":"2019-09-18T18:49:22","modified_gmt":"2019-09-18T16:49:22","slug":"argel-la-primera-salida-misionera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.claret.org\/es\/argel-la-primera-salida-misionera\/","title":{"rendered":"Argel, la primera salida misionera"},"content":{"rendered":"<p>Poco se habl\u00f3 de esta que fue la primera salida misionera de una Congregaci\u00f3n que, con apenas 20 a\u00f1os y un exilio en sus pasos, supo emprender una tarea que le permiti\u00f3 enfrentar adversidades, recrear estrategias y definir posibilidades.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de los claretianos en Argel comenz\u00f3 en el exilio de Prades, lugar donde los misioneros se encontraban despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n de Espa\u00f1a a causa de la Revoluci\u00f3n Septembrina. Este forzoso destierro llev\u00f3 a que la comunidad asumiera ministerios similares a los sabidos pero no impidi\u00f3 la apertura a la novedad que lleg\u00f3 de la mano del Abate Sabbatier que en visita a la ciudad de Prades, hacia julio de 1869, habl\u00f3 con el entonces Padre General, don Jos\u00e9 Xifr\u00e9. La propuesta era clara, se necesitaban unos misioneros para la atenci\u00f3n de la poblaci\u00f3n espa\u00f1ola en tierras argelinas, y crey\u00f3 el General que los nuestros pod\u00edan ser los adecuados. Esto dio pie a comunicaciones con el arzobispo de Argel, Mons. Charles Lavig\u00e9rie, que ofreci\u00f3 hospitalidad y ministerios para que los misioneros se instalasen. El primer paso fue dado por el P. Xifr\u00e9 que viaj\u00f3 hacia inicios del mes en compa\u00f1\u00eda del Hno. Capdevilla para preparar la casa en la que recibi\u00f3 a la primera comunidad de misioneros el 8 de octubre.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n, que auguraba lo mejor, ten\u00eda un trasfondo que en poco tiempo alarm\u00f3 a los misioneros y recondujo las estrategias. La poblaci\u00f3n espa\u00f1ola en Argel hab\u00eda ido <em>in crescendo<\/em> desde 1830 aproximadamente, cuando trabajadores provenientes de Murcia y Alicante se trasladaron como agricultores temporeros para el norte africano. Estas migraciones, en las que tambi\u00e9n contaban malteses e italianos, fue siendo poco a poco una poblaci\u00f3n que se estabiliz\u00f3 en distintos puntos del pa\u00eds, dando por resultado el traslado de familias completas de espa\u00f1oles que ocuparon espacios con la propia cultura creando barrios donde dominaba el castellano, con variantes alicantinas y tambi\u00e9n una presencia catalana. Refiere un testimonio franc\u00e9s: \u201csobrios y laboriosos, estos pobres andaluces trabajan toda la semana, pero, en llegado el domingo, se entregan a las m\u00e1s ruidosas manifestaciones, con una alegr\u00eda enteramente meridional\u201d. Quien viene de afuera, introduce su otredad, y esta migraci\u00f3n espa\u00f1ola del siglo XIX no fue la excepci\u00f3n. He aqu\u00ed sin embargo un acoplamiento de importancia, pues  la presencia espa\u00f1ola en Argel no es s\u00f3lo presencia sino tambi\u00e9n cohabitaci\u00f3n con otras culturas en un territorio que no les pertenece, pues esta porci\u00f3n de \u00c1frica tambi\u00e9n desde 1830 fue colonizada por los franceses. Esto no es un tema menor, ya que supondr\u00e1 la convivencia, no siempre pac\u00edfica, de dos sistemas diversos en organizaci\u00f3n y producci\u00f3n de <em>habitus<\/em>.<\/p>\n<p>Dado este somero vistazo al territorio, se sigue que la presencia de los claretianos supuso enfrentar este mosaico de culturas, en un momento en el cual conceptos como interculturalidad, misi\u00f3n <em>ad gentes<\/em> o la sensibilidad migratoria de hoy en d\u00eda no hac\u00edan parte del horizonte de sentido. La llegada de los misioneros fue para la atenci\u00f3n de espa\u00f1oles y hacia eso se orientaron los esfuerzos, porque las observaciones que hac\u00eda del panorama reclamaban atenci\u00f3n y acci\u00f3n. El P. Joaqu\u00edn Oller, despu\u00e9s de conocer las realidades de Or\u00e1n, dir\u00e1 en cartas al P. Xifr\u00e9: \u201c\u00a1cu\u00e1n lastimoso es el abandono en que est\u00e1n los espa\u00f1oles de aquella di\u00f3cesis! Es verdad que los sacerdotes franceses entienden y hablan generalmente el espa\u00f1ol; mas no para predicar, y a\u00fan Dios sabe c\u00f3mo tratan a nuestros compatricios, por lo que viven lastimosamente\u201d. La carta, presente en el Archivo General de la Congregaci\u00f3n, refiere un estado lamentoso de los espa\u00f1oles por la falta de atenci\u00f3n pastoral en su propia lengua, y no omite que la presencia de clero franc\u00e9s resulta insuficiente o hasta conflictiva.<\/p>\n<p>La delicada situaci\u00f3n, seg\u00fan como testimonian los misioneros, llev\u00f3 a una producci\u00f3n, o m\u00e1s bien reproducci\u00f3n de estrategias misioneras tal y como las imaginaban en el modelo de misiones populares vividas en Catalu\u00f1a. Hacia adentro de la comunidad \u201cse respetan las reglas de las casas espa\u00f1olas\u201d; como parte de los ministerios, se realizan rosarios, novenas, predicaciones de sermones y devociones en lugares incluso fuera de Argel. Viendo que esto pod\u00eda no ser suficiente, se alent\u00f3 la creatividad y se decidi\u00f3 la implementaci\u00f3n de un lugar de culto propio para la misi\u00f3n con espa\u00f1oles y como si fuera poco, naci\u00f3 en Argelia la primera escuela bajo la responsabilidad de la Congregaci\u00f3n hacia 1873. La ambici\u00f3n evangelizadora se conjug\u00f3 entonces con una necesidad educadora, para que el migrante espa\u00f1ol aprendiese las letras y la moralidad necesaria para vivir; objetivos nada lejanos si se quiere del ideal educativo del siglo XIX pero a la vez un extraordinario m\u00e9todo contando con que en Espa\u00f1a misma una gran parte de la poblaci\u00f3n era analfabeta. No deja de llamar la atenci\u00f3n sin embargo esta reduplicaci\u00f3n de realidad, queriendo reproducir modelos espa\u00f1oles en tierras extra\u00f1as, donde no ser\u00eda descabellado pensar una participaci\u00f3n en el sistema colonizador que actuaba en el siglo XIX; esto que parece un pensamiento al aire, result\u00f3 en alguna manera el inicio de conflictos o irritaciones dentro del sistema misionero; y en esto que es una descripci\u00f3n se deben evitar los juicios de valor.<\/p>\n<p>Los primeros conflictos nacieron dentro de la comunidad, donde no todos los misioneros comprend\u00edan la misi\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la misma manera, porque mientras para algunos el fin pod\u00eda ser las misiones populares para otros era la predicaci\u00f3n de retiros; estaba a quien le importaba la contabilidad prolija de sacramentos y los hab\u00eda aquellos que indagaban sobre el mejor modo del anuncio del evangelio ya que pod\u00eda significar otras cosas. Otro motivo posible para un desgaste fue la no incorporaci\u00f3n de las diferencias, en un territorio diverso y en unos esquemas de vida distintos, donde la lengua pod\u00eda compartir palabras pero no necesariamente conceptos. Hacia fuera de la comunidad, el v\u00ednculo con el arzobispo Lavig\u00e9rie tuvo algunos roces, y con \u00e9l tambi\u00e9n el clero local franc\u00e9s, y en esto tal vez sea porque en la mente del Cardenal la misi\u00f3n supon\u00eda otras coordenadas, tal y como lo reflej\u00f3 en la fundaci\u00f3n de los Padres Blancos y de una congregaci\u00f3n de religiosas. En ellos, de modo t\u00edmido aparece la idea de inculturaci\u00f3n, donde importaba el parecerse al interlocutor de la misi\u00f3n, que en este caso eran los musulmanes del norte africano. Finalmente, un punto no menor, pero tambi\u00e9n importante, fue la econom\u00eda que determin\u00f3 el accionar de la Congregaci\u00f3n, pues no hab\u00eda claridad sobre qui\u00e9n debiese financiar la empresa misionera, si era algo que depend\u00eda de la Iglesia local o del gobierno espa\u00f1ol, y a la vez fuese quien fuese, esto supon\u00eda un ordenamiento sobre el <em>modus operandi<\/em> y la respuesta de los misioneros. La observaci\u00f3n que resume estos conflictos nos vienen en las palabras del P. Hilario Brossosa, para quien \u201caquella fundaci\u00f3n es, en verdad, historia de disgustos\u201d.<\/p>\n<p>En resumidas cuentas, la misi\u00f3n de Argel, que cerr\u00f3 sus puertas en 1888, puede orientar la mirada al c\u00f3mo surgi\u00f3 la autocomprensi\u00f3n misionera de la Congregaci\u00f3n, a la elaboraci\u00f3n del concepto misi\u00f3n y a la plasmaci\u00f3n concreta de su apostolado. Casi simult\u00e1neamente se suceden las fundaciones en Chile y en Fernando Poo (Guinea Ecuatorial), pero cada una hizo un camino distinto y sus resultados dependieron mucho de c\u00f3mo se resolvieron los imaginarios sobre la misi\u00f3n de la Congregaci\u00f3n en tierras extrajeras. Queda entonces abierto este recuerdo para visualizar que toda pregunta por el pasado nace en un presente, y del mismo modo una respuesta del pasado funciona a la praxis del cotidiano para crear nuevos interrogantes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poco se habl\u00f3 de esta que fue la primera salida misionera de una Congregaci\u00f3n que, con apenas 20 a\u00f1os y un exilio en sus pasos, supo emprender una tarea que le permiti\u00f3 enfrentar adversidades, recrear estrategias y definir posibilidades. 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