{"id":1263,"date":"2022-05-14T23:51:26","date_gmt":"2022-05-14T21:51:26","guid":{"rendered":"https:\/\/claret.org\/postulgen\/causas\/venerables\/venerable-padre-mariano-avellana-lasierra\/"},"modified":"2022-07-14T18:03:30","modified_gmt":"2022-07-14T16:03:30","slug":"venerable-padre-mariano-avellana-lasierra","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.claret.org\/postulgen\/es\/causas\/venerables\/venerable-padre-mariano-avellana-lasierra\/","title":{"rendered":"Venerable Padre Mariano Avellana Lasierra"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; fullwidth=\u00bbon\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_fullwidth_header title=\u00bbVenerable Padre Mariano Avellana Lasierra\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb background_color=\u00bb#033b63&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][\/et_pb_fullwidth_header][\/et_pb_section][et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbrow\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb][et_pb_text admin_label=\u00bbText\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<p><strong>El Venerable<\/strong> <strong>P. Mariano Avellana Lasierra<\/strong>, naci\u00f3 en Almud\u00e9var (Huesca &#8211; Espa\u00f1a) el 16 de abril de 1844. Fue bautizado el mismo d\u00eda. Recibi\u00f3 su confirmaci\u00f3n el 2 de abril de 1851. A los 14 a\u00f1os se convirti\u00f3 en seminarista externo en el seminario de Santa Cruz de Huesca. A los 17 a\u00f1os, se convirti\u00f3 en seminarista interno. El 21 de diciembre de 1867 fue ordenado di\u00e1cono. El 19 de septiembre de 1868 recibi\u00f3 la consagraci\u00f3n sacerdotal. El 11 de septiembre de 1870 ingresa en el noviciado de los Misioneros Claretianos en Prades (Francia), donde los religiosos, expulsados de Espa\u00f1a a causa de la revoluci\u00f3n de 1868, se hab\u00edan refugiado. El 29 de septiembre de 1871 emiti\u00f3 sus votos religiosos. El 25 de septiembre \u00abd\u00eda dichoso, d\u00eda grande para m\u00ed\u00bb el Se\u00f1or le favoreci\u00f3 con una visi\u00f3n, a ra\u00edz de la cual su vida, ya buena, tom\u00f3 un rumbo muy comprometido para el bien. El 1 de agosto de 1873 se embarc\u00f3 como misionero hacia Chile. Lleg\u00f3 all\u00ed el 11 de septiembre con el prop\u00f3sito concebido en la visi\u00f3n y ahora expresado con recato de querer ser \u00abo santo o muerto\u00bb. Estaba enamorado de Cristo y del Evangelio; pero tambi\u00e9n era un devoto del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda. En Chile, fue un ap\u00f3stol de talla gigantesca entre los pobres, los enfermos y los encarcelados durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os de incansable vida misionera. Se entreg\u00f3 al apostolado y al ejercicio de las virtudes con el mayor celo, animado por una fe viva, una esperanza fuerte y una caridad ardiente, hasta el punto de que pronto recibi\u00f3 el t\u00edtulo de \u00abSanto Padre Mariano\u00bb. Muri\u00f3 con fama de santidad en Carrizal Alto (Chile) el 14 de mayo de 1904. Pablo VI decret\u00f3 la introducci\u00f3n de la Causa el 7 de enero de 1972. Con el decreto del 23 de octubre de 1987 sobre la heroicidad de las virtudes fue llamado <strong>Venerable.<\/strong><\/p>\n<p>.[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_image src=\u00bbhttp:\/\/www.claret.org\/postocmf\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Mariano-Avellana.jpg\u00bb title_text=\u00bbMariano Avellana\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][\/et_pb_image][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb text_font_size=\u00bb18px\u00bb text_letter_spacing=\u00bb1px\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong> ORACI\u00d3N<\/strong><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\">Se\u00f1or Dios nuestro, que inflamaste con tu amor a tu Siervo Mariano y lo hiciste misionero fervoroso de tu Hijo: conc\u00e9denos, por su intercesi\u00f3n, todo lo que te pedimos&#8230;. y d\u00edgnate glorificarlo en la tierra. Haz que imitemos sus virtudes y sigamos su ejemplo, para buscar siempre y s\u00f3lo tu mayor gloria y la salvaci\u00f3n de nuestros hermanos. Por Cristo nuestro Se\u00f1or. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.16&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb header_4_font_size=\u00bb20px\u00bb header_4_line_height=\u00bb1.4em\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<p><strong>INFANCIA<\/strong><\/p>\n<p>Mariano Avellana Lasierra naci\u00f3 en Almud\u00e9var (Huesca &#8211; Espa\u00f1a) el 16 de abril de 1844, hijo de Francesco y Raffaella, \u00abagricultores de buena condici\u00f3n econ\u00f3mica y buena moral\u00bb. Hab\u00eda ocho hermanos.  Los Avellana eran originarios de Nocito, una familia bautizada con un escudo que lleva un Crucifijo en el escudo. El bisabuelo paterno del Siervo de Dios fue el primero de los Avellanas en instalarse en Almud\u00e9var. El escudo de piedra a\u00fan se conserva en la casa solariega. La familia Avellana ten\u00eda la capilla de Santa Ana en la iglesia parroquial. Aqu\u00ed Mariano fue bautizado el mismo d\u00eda de su nacimiento. Los familiares a\u00fan conservan la jarra de cristal para el agua lustral utilizada en su bautismo y en el de otros miembros de la familia. Cuando naci\u00f3, sus padres viv\u00edan en la calle del Medio, n\u00ba 14, hoy calle Izquierdo, esquina con V\u00eda Dato. Almud\u00e9var se encontraba junto al antiguo castillo bajo la protecci\u00f3n de la patrona N. S. de la Corona, venerada en la capilla que domina el pueblo de tres mil habitantes, la mayor\u00eda de ellos agricultores. Adem\u00e1s de este santuario y de la gran iglesia parroquial, hab\u00eda otros dos m\u00e1s peque\u00f1os y un peque\u00f1o hospital. La vida espiritual del pueblo estaba a cargo del p\u00e1rroco y de diez benefactores.<\/p>\n<p>El 2 de abril de 1851, el Siervo de Dios recibi\u00f3 la Confirmaci\u00f3n junto a sus hermanos en la iglesia parroquial de manos del entonces Obispo de Jaca, m\u00e1s tarde Cardenal Arzobispo de Santiago, don Miguel Garc\u00eda Cuesta.<\/p>\n<p>Asisti\u00f3 a la escuela primaria local. El profesor Tommaso Lalaguna declar\u00f3 en 1855: \u00abMariano ha seguido puntualmente mis lecciones con provecho y con una conducta irreprochable\u00bb. M\u00e1s tarde, sus padres le inscribieron en la escuela media de Huesca -actualmente Museo Provincial- donde, de 1855 a 1858, estudi\u00f3 lat\u00edn y literatura.<\/p>\n<p>Desde sus primeros a\u00f1os, el amor a la Virgen marc\u00f3 profundamente su coraz\u00f3n. \u00abEras a\u00fan muy joven cuando te ense\u00f1\u00e9 a saludarme por la ma\u00f1ana y por la noche con tres Avemar\u00edas\u00bb, escribi\u00f3 el Siervo de Dios en sus notas mientras escuchaba la voz de la Reina del Cielo. Del ambiente religioso de la familia, asegura: \u00abDespu\u00e9s de Dios, ser sacerdote, se lo debo a mis padres\u00bb.<\/p>\n<p><strong>SEMINARISTA Y SACREDOTE EN HUESCA <\/strong>.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1858 ingres\u00f3 en el Seminario de la Santa Cruz de Huesca como alumno externo. En 1861 permaneci\u00f3 all\u00ed como interno. Pas\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os de su carrera en la Secci\u00f3n Auxiliar del Seminario de Sesa: Nuestra Se\u00f1ora de Jarea. El 19 de septiembre de 1868, en Huesca, es ordenado sacerdote por el obispo Basilio Gil Bueno en la capilla del Palacio Episcopal, donde ya hab\u00eda recibido antes sus otras \u00f3rdenes sagradas de manos del mismo obispo.<\/p>\n<p>19 de septiembre de 1868: una fecha importante en la historia de Espa\u00f1a. En C\u00e1diz, la escuadra naval se levanta y Prim proclama el Manifiesto Revolucionario: <em>\u00abEspa\u00f1a con honor\u00bb. <\/em> As\u00ed comienza la revoluci\u00f3n de septiembre. <em>&#8216;La Gloriosa&#8217; <\/em>con muchas y tristes consecuencias para la naci\u00f3n y la Iglesia. El obispo de Huesca es expulsado de su di\u00f3cesis, el seminario cerrado. En su \u00faltimo a\u00f1o de estudios, el nuevo sacerdote se ve obligado a recibir clases particulares en casa de los profesores.<\/p>\n<p>El padre Mariano, alto de estatura, de finos modales, de car\u00e1cter fuerte y en\u00e9rgico, de maneras joviales, elegantes y decididas, pose\u00eda tambi\u00e9n una voz potente e impresionante. Al cantar el Evangelio en su ordenaci\u00f3n como di\u00e1cono, el obispo se sorprendi\u00f3. Le nombr\u00f3 subdi\u00e1cono benefactor de la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca.<\/p>\n<p>Se inscribi\u00f3 en la Cofrad\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora del Carmen, del Escapulario Celestial, de la Sant\u00edsima Trinidad, de la Reparaci\u00f3n Sabatina. Seg\u00fan los testigos del Proceso, fue ejemplar y observante de sus deberes sacerdotales, sin ning\u00fan signo particular o extraordinario. Recuerda que el d\u00eda de su primera misa quiso que se diera una comida a los pobres del pueblo. Asimismo, se distingu\u00eda por su bondad con los necesitados, a los que ayudaba generosamente. Sucedi\u00f3 que, no teniendo nada m\u00e1s que ofrecer, se quit\u00f3 la sotana y se la dio a un pobre.<\/p>\n<p><strong>Hijo misionero del coraz\u00f3n de Mar\u00eda<\/strong>.<\/p>\n<p>En 1868 las Misioneras del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda se instalan en Huesca. Desde su Casa-Misi\u00f3n en la Iglesia de los Capuchinos, llevaron a cabo un intenso apostolado: misiones, ejercicios para el clero, direcci\u00f3n espiritual, retiros en el seminario. En 1867, cuando el Siervo de Dios era todav\u00eda seminarista, los padres Giuseppe Serra e Ilario Brossosa celebraron una misi\u00f3n en su pueblo de Almud\u00e9var. Al acercarse con frecuencia a los misioneros, sinti\u00f3 la llamada de Dios a la vida religiosa y misionera.<\/p>\n<p>El 7 de septiembre de 1870, se dirige al noviciado claretiano de Prades. S\u00f3lo su t\u00eda Marianna Avellana, una mujer virtuosa con fama de santa, residente en Almud\u00e9var, conoc\u00eda su decisi\u00f3n. Le ayud\u00f3 con los gastos del viaje a Francia. Nunca volver\u00eda a su pa\u00eds, aunque lo llevar\u00eda profundamente en su coraz\u00f3n. Asimismo, no volver\u00eda a ver Huesca. Impresiona leer en sus cuadernos espirituales la largu\u00edsima lista de personas por las que rezaba cada d\u00eda: familiares, amigos, conocidos del pueblo, compa\u00f1eros de seminario y de parroquia, can\u00f3nigos, bienhechores, autoridades, sin olvidar a nadie, desde el prelado por el que fue ordenado sacerdote hasta el carretero que tra\u00eda paquetes y verduras de Almud\u00e9var a Huesca, enviado por sus padres y familiares.<\/p>\n<p><strong>\u00abO SANO O MUERTO\u00bb<\/strong>.<\/p>\n<p>En el noviciado claretiano de Prades, el P. Mariano comenz\u00f3 una nueva vida. La casa era estrecha, insuficiente. Los Misioneros de la Congregaci\u00f3n se hab\u00edan refugiado temporalmente all\u00ed, a la espera de tiempos mejores para volver a Espa\u00f1a. La observancia religiosa estaba en plena vigencia.<\/p>\n<p>La tenacidad aragonesa del Padre, su total entrega a la voluntad divina triunf\u00f3 sobre las no pocas dificultades que se le presentaron: el sue\u00f1o, el hambre, la sensualidad. \u00abToda su vida tuvo que luchar violentamente, como si fuera un converso reciente, contra la sensualidad. Siempre sent\u00eda hambre o ganas de comer a pesar de sus ayunos diarios. Siempre ten\u00eda sue\u00f1o y ansiaba la comodidad, como si el uso de mortificaciones no pudiera adaptarse a su temperamento. Sin embargo, estaba decidido a convertirse en un santo. En el noviciado formul\u00f3 un gran prop\u00f3sito: \u00abel prop\u00f3sito de toda mi vida es realizar las acciones ordinarias con perfecci\u00f3n\u00bb. \u00abLos religiosos deben trabajar\u00bb, dijo, \u00abno por d\u00edas, sino a destajo\u00bb. \u00abEl 29 de septiembre de 1871, hizo su profesi\u00f3n religiosa en manos del reverendo Joseph Xifr\u00e8.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, los superiores le destinaron a la nueva fundaci\u00f3n de Thuir (Francia). Es una pena que el P. Mariano sea tan parco en hablar de s\u00ed mismo, en sus notas espirituales. En ellas, sin embargo, se recuerda una gracia extraordinaria: la visi\u00f3n que tuvo el 25 de septiembre de 1872. Se le mostr\u00f3 la grandeza, la bondad y la misericordia del Se\u00f1or frente a su pobreza, su mezquindad y su miseria. \u00abUn gran d\u00eda\u00bb, escribi\u00f3, \u00abun d\u00eda feliz\u00bb &#8230;. Recuerda c\u00f3mo te ve\u00edas a ti mismo&#8230; Recuerda siempre que ese d\u00eda prometiste a Dios observar fielmente y con exactitud las reglas y prop\u00f3sitos que har\u00edas, imitando la generosa \u00abresoluci\u00f3n y magnanimidad de coraz\u00f3n\u00bb de San Agust\u00edn&#8230; (\u00bfQuiz\u00e1s los santos ten\u00edan m\u00e1s salud y robustez que t\u00fa?) Estoy dispuesto a sufrir lo que T\u00fa quieras. Si mis superiores me lo pidieran, con gusto sufrir\u00eda incluso la muerte por Ti&#8230;<\/p>\n<p>En 1873, fue enviado a Chile. Antes de su partida, el P. Mariano, arrodillado ante toda la Comunidad reunida en el refectorio, pidi\u00f3 a los presentes oraciones para poder vivir siempre el ideal que se propuso desde su noviciado: \u00ab\u00a1Oh <em>Santo <\/em>O <em>Muerte! <\/em>\u00ab. Algunos no pudieron ocultar una sonrisa al escuchar la inesperada y decisiva resoluci\u00f3n de aquel misionero aragon\u00e9s. Sin embargo, todo el mundo qued\u00f3 profundamente impresionado. El padre Mariano estaba decidido a convertirse en santo a cualquier precio.<\/p>\n<p>Para Chile, los misioneros se embarcaron el 10 de agosto y llegaron all\u00ed un mes despu\u00e9s.<\/p>\n<p><strong>AP\u00d3STOL DE CHILE<\/strong>.<\/p>\n<p>El padre Mariano lleg\u00f3 a Santiago el 11 de septiembre de 1873. Ten\u00eda 29 a\u00f1os. El resto de su vida -otros treinta- lo pasar\u00eda en la naci\u00f3n chilena en una intensa actividad misionera sin descanso, sin un d\u00eda de vacaciones, sin regresar a su tierra natal, yendo de pueblo en pueblo, de hospital en hospital, de c\u00e1rcel en c\u00e1rcel, a lo largo de la larga y accidentada geograf\u00eda de Chile, particularmente en las regiones mineras del norte. Se le considera <em>el gran ap\u00f3stol del norte de Chile<\/em>. <\/em> M\u00e1s de treinta a\u00f1os como misionero incansable: desde Concepci\u00f3n a Antofagasta.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil imaginar lo pesado que era, a finales del siglo pasado, recorrer los pueblos y ciudades de Chile, \u00abuna geograf\u00eda atormentada\u00bb por sus 4.200 kil\u00f3metros de un extremo a otro por sus monta\u00f1as y volcanes, y, a\u00fan con sus hermosas vistas, sobre todo las centrales y las del sur, por los impresionantes desiertos del norte, desde La Serena hasta Arica, que tienen millones de kil\u00f3metros sin vegetaci\u00f3n. El desierto de Atacama es la zona m\u00e1s \u00e1rida y seca de nuestro planeta. Lugares sin luz ni comodidad, con enormes distancias entre ellos. Incluso hoy en d\u00eda hay parroquias con m\u00e1s de cien kil\u00f3metros de extensi\u00f3n. Minas de salitre dispersas en lugares horribles. Un ejemplo: para ir de Ovalle a la misi\u00f3n de Franquilla, el padre Mariano y sus compa\u00f1eros tuvieron que atravesar 73 leguas de terreno muy duro.<\/p>\n<p>Afortunadamente, nos es posible seguir al Siervo de Dios a\u00f1o a a\u00f1o en sus incursiones apost\u00f3licas cuidadosamente registradas en los libros ministeriales de las Comunidades Claretianas a las que fue destinado: Santiago La Serena, Valpara\u00edso, Curic\u00f3 y Coquimbo. En algunos de ellos fue superior, aunque durante algunos a\u00f1os. El n\u00famero total de sus misiones super\u00f3 las 534, adem\u00e1s de los ejercicios, retiros, catequesis, sermones varios, novenas, visitas a hospitales y c\u00e1rceles, conferencias a religiosos. No es exagerado afirmar -seg\u00fan documentos y declaraciones- que los sermones del P. Mariano superan los 20.000.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s llegar a Chile, en septiembre de 1873, comenz\u00f3 sus misiones. Al principio encontr\u00f3 no pocas dificultades para preparar las charlas. Pero ya en los \u00faltimos tres meses de ese a\u00f1o predic\u00f3 siete misiones: Colina, Do\u00f1igue, Coltauco, Pichidegua, Peumo Alhu\u00e8 y en el Fondo de Aculeo, donde \u00abm\u00e1s de 12.000 personas se confesaron\u00bb. Lleg\u00f3 a La Serena en enero de 1880 y ya en febrero comenz\u00f3 su labor, que termin\u00f3 ese a\u00f1o con nada menos que \u00a1quince misiones! Un compa\u00f1ero nos informa: \u00abDurante su estancia en la ciudad, el P. Mariano hab\u00eda distribuido sus actividades apost\u00f3licas de la siguiente manera: todos los d\u00edas visitaba el hospital; los lunes las c\u00e1rceles; los martes el barrio de M\u00e1quinas; los jueves la zona del cementerio; los s\u00e1bados Santa Luc\u00eda. En todos esos lugares rezaba el Rosario todos los d\u00edas y ense\u00f1aba el catecismo&#8217;.<\/p>\n<p>En 1882, realiz\u00f3 23 misiones, adem\u00e1s de prestar asistencia espiritual al Batall\u00f3n Coquimbo, a los presos y a los enfermos.<\/p>\n<p>Su predicaci\u00f3n era sencilla. Su voz estent\u00f3rea dada por Dios le ayud\u00f3 mucho. Tambi\u00e9n lo hizo su robusta salud, que apenas se vio afectada. Las enfermedades con las que el Se\u00f1or le puso a prueba no fueron un obst\u00e1culo para sus ministerios. Persuadido -escribe el P. Santisteban, su compa\u00f1ero de varios ministerios- de que la ignorancia religiosa era uno de los mayores males, buscaba en sus sermones ense\u00f1ar m\u00e1s que conmover.<\/p>\n<p>Los sufrimientos y las pruebas soportadas por el P. Avellana s\u00f3lo los conoce Dios. Eran muchos e impresionantes. En la campa\u00f1a misionera de Copiap\u00f3, una vez no pudo ocultar su preocupaci\u00f3n y dijo p\u00fablicamente: \u00abEn el norte el poder del diablo es menos resistido que en el centro y sur de la Rep\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>Con el Padre Ruiz se embarc\u00f3 en Coquimbo. Cerca de su caba\u00f1a se encontraban algunos comerciantes, que profirieron palabras insultantes contra la religi\u00f3n. El padre Mariano no pudo contenerse. Mientras su compa\u00f1ero quer\u00eda contenerle para que no reaccionara, sali\u00f3 de repente y se enfrent\u00f3 a los calumniadores con toda la fuerza de su voz: \u00ab\u00a1Desgraciados! \u00a1C\u00f3mo te atreves a blasfemar y ofender a Dios! Si no os call\u00e1is, os coger\u00e9 por el cuello y pondr\u00e9 vuestras cabezas en la pila de carb\u00f3n\u00bb. Esas personas estaban tan asustadas que no volvieron en todo el viaje. Al final de la misi\u00f3n de Cerro Blanco, en el camino hacia Copiap\u00f3, los caballos se separaron y el eje del carro se rompi\u00f3. El padre Mariano permaneci\u00f3 en el suelo, inconsciente, durante mucho tiempo. Su compa\u00f1ero, con el brazo fracturado, imagin\u00f3 al P. Mariano muerto al instante. Pero \u00e9ste, volviendo en s\u00ed, exclam\u00f3: \u00abTe dije que aqu\u00ed los demonios tienen m\u00e1s libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Una y mil veces repiti\u00f3 el Siervo de Dios: \u00abDios me llama a las misiones\u00bb. Seg\u00fan el Hermano Sazo en el Proceso de Beatificaci\u00f3n: \u00abSu pasi\u00f3n dominante fue la conversi\u00f3n de las almas. No perdi\u00f3 ninguna oportunidad de conseguirlo. Una vez me confi\u00f3 que si le hubieran llamado para confesar a un enfermo, aunque supiera que un asesino le esperaba en la puerta para matarle, no habr\u00eda dudado ni un momento en ir a confesar a ese enfermo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Hospitales y prisiones<\/strong>.<\/p>\n<p>La santa obsesi\u00f3n del padre Mariano eran las c\u00e1rceles y los hospitales. Basta con algunos testimonios del Juicio. \u00abLos hospitales y las c\u00e1rceles constituyeron el objeto principal de sus compromisos sacerdotales\u00bb. \u00abPas\u00f3 toda su vida al servicio del pr\u00f3jimo: en las misiones, en las c\u00e1rceles, en los hospitales\u00bb. \u00abVisitar los hospitales y confesar a los enfermos era para \u00e9l un santo ocio\u00bb. \u00abIncansable en el servicio a los enfermos, cuando estaba en la ciudad cada d\u00eda acud\u00eda indefectiblemente a los hospitales\u00bb. \u00abSu amor y afecto por los enfermos del hospital fue constante durante toda su vida, hasta el punto de que, en cuanto regresaba de sus misiones, aunque estuviera cansado, dejaba sus cosas en su habitaci\u00f3n e inmediatamente corr\u00eda a ver al Superior para pedirle permiso para visitar a sus queridos enfermos en el hospital\u00bb. \u00abEl amor, la ternura y la solicitud del padre Mariano por los hospitales eran conocidos por todos. Un d\u00eda me dijo: Padre, oc\u00fapate de los hospitales. S\u00f3lo Dios y yo sabemos los grandes consuelos que encuentro en ellos\u00bb. \u00abNo hab\u00eda hospital o c\u00e1rcel en Chile que el santo padre Mariano no hubiera visitado\u00bb. \u00abTen\u00eda una gracia muy especial de Dios para consolar a los enfermos\u00bb.<\/p>\n<p>No contento con visitar los hospitales, ped\u00eda a los Superiores que le llamaran por la noche para llevar los Sacramentos a los enfermos o moribundos en lugar de otro Padre de la Comunidad.<\/p>\n<p>En una carta a su sobrina, Sor Sebastiana, religiosa de la Caridad de Santa Ana, le escrib\u00eda: \u00abTe recomiendo dos virtudes importantes en el trato con las personas del hospital, adem\u00e1s de la caridad, que debe ser tu virtud preferida; la modestia y la dulzura. Con lo primero edificar\u00e1s a todos; con lo segundo ganar\u00e1s corazones para Dios&#8217;.<\/p>\n<p>Durante dos a\u00f1os, el Siervo de Dios fue superior de la Comunidad Claretiana de Valpara\u00edso y encargado del hospital de la ciudad. Durante ese tiempo -seg\u00fan consta en los registros parroquiales- uni\u00f3 personalmente en sagrado matrimonio a m\u00e1s de ciento veinte parejas en el hospital, donde en esa \u00e9poca hab\u00eda una media de 600 personas hospitalizadas al d\u00eda. Hab\u00eda toda clase de enfermos: soldados, marineros, convictos, puteros, aventureros&#8230; Grandes y rotundas conversiones consigui\u00f3 el P. Mariano. Las Hermanas de la Caridad, a cuyo cuidado se confi\u00f3 el hospital, atestiguan: \u00abMientras fue capell\u00e1n, ning\u00fan enfermo muri\u00f3 sin los sacramentos\u00bb. Y \u00e9l mismo escribe en una carta con sencillez: \u00abEn mi \u00e9poca nadie muri\u00f3 sin arrepentirse.<\/p>\n<p>\u00abMe qued\u00e9 con \u00e9l en Valpara\u00edso -cuenta el hermano Sazo, claretiano- y lo acompa\u00f1\u00e9 varias veces. Asist\u00eda a los enfermos con gran cuidado, prest\u00e1ndose a los servicios m\u00e1s humildes: los peinaba, les afeitaba la barba, los limpiaba. Para entretenerlos, cantaba. Los d\u00edas laborables rezaba el Rosario de rodillas en cada una de las ocho habitaciones. Adem\u00e1s, los d\u00edas de fiesta y los domingos les predicaba siete u ocho veces de barrio en barrio. \u00c9l escuchar\u00eda sus confesiones. Siempre llevaba el Crucifijo, lo besaba y lo hac\u00eda besar. Ver al padre Mariano en el hospital era como ver a un santo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Con toda verdad, el P. Aldu\u00e1n pudo escribir en la biograf\u00eda de otro claretiano, el P. Vallier, que tambi\u00e9n era ap\u00f3stol en Chile en aquella \u00e9poca: \u00abEn el hospital de Valpara\u00edso permanecer\u00e1 eterno el recuerdo de uno que esperamos ver pronto en los altares, el santo P. Mariano, que hizo maravillas de celo y caridad. Para volver a ver santos similares, ser\u00eda necesario traer a esas salas a un San Juan de Dios o a un San Camilo de Lellis&#8217;.<\/p>\n<p>Al igual que los hospitales, no hab\u00eda c\u00e1rcel o penitenciar\u00eda en Chile que el padre Mariano no visitara.<\/p>\n<p>En las misiones iba all\u00ed todos los d\u00edas o casi todos los d\u00edas para predicar y consolar a los internos. El propio Siervo de Dios relata su asistencia espiritual a un condenado a muerte en Valpara\u00edso. Le dispararon en el patio de la prisi\u00f3n, con una gran multitud presente. El ejecutado hab\u00eda pedido al padre Mariano que pidiera perd\u00f3n en su nombre a todos los presentes. As\u00ed que lo hizo. Inmediatamente despu\u00e9s de la ejecuci\u00f3n, les dirigi\u00f3 unas palabras muy impresionantes. La prensa de Valpara\u00edso se hizo eco de la noticia al d\u00eda siguiente, destacando el celo apost\u00f3lico de aquel misionero.<\/p>\n<p>En la ciudad de La Serena\u00bb, dice el Proceso, \u00abel Mariano, sabiendo del mal empaque de las comidas de la c\u00e1rcel, me pidi\u00f3 caridad para ayudar a los presos con alguna limosna&#8230; El Siervo de Dios me cont\u00f3 que cuando salieron de la c\u00e1rcel fueron a agradecerle los servicios prestados, con la promesa de cambiar sus vidas.<\/p>\n<p>De nuevo: \u00abEl padre Mariano, al enterarse de la inocencia de un preso, se dirigi\u00f3 en persona al Presidente de la Rep\u00fablica. De rodillas le pidi\u00f3 su liberaci\u00f3n. Por respeto a \u00e9l, el Presidente se lo concedi\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p><strong>EN LA CRUZ CON CRISTO<\/strong>.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or prob\u00f3 a su Siervo con tres dolorosas enfermedades. Un d\u00eda, de repente, se le abri\u00f3 un peque\u00f1o absceso en la pierna derecha. Un chorro de sangre sali\u00f3 de \u00e9l y no pudo ser detenido inmediatamente. Pens\u00f3 que se estaba muriendo. Finalmente, el m\u00e9dico pudo taparlo. Sin embargo, la herida no se cerr\u00f3 del todo y sigui\u00f3 abri\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s, causando horror a los espectadores. No se pod\u00eda entender c\u00f3mo pod\u00eda seguir trabajando y caminando en ese estado. Sin embargo, el Siervo de Dios nunca ces\u00f3 su actividad: caminaba, se arrodillaba, permanec\u00eda de pie durante largos tramos; montaba a caballo en las largas y duras jornadas de pa\u00eds a pa\u00eds en las misiones. \u00abLa herida no se cur\u00f3 durante el resto de su vida\u00bb, le confi\u00f3 al Hermano Enfermero. Estaba seguro de que nunca se curar\u00eda de esa herida, que era m\u00e1s grande que una mano abierta\u00bb. Siempre me horroriz\u00f3 esa carne oscura y viva, que cubr\u00eda con una venda\u00bb. Llam\u00f3 a la herida \u00abun regalo de Dios\u00bb. Al curarlo nunca se quej\u00f3, haciendo que el<br \/>\nse\u00f1al de la cruz al principio y al final.<\/p>\n<p>Al ver aquella espantosa llaga, un padre exclam\u00f3: \u00abVive de milagro\u00bb. El Siervo de Dios anot\u00f3 de inmediato en sus notas: \u00abDebo, pues, ser todo de Dios\u00bb. Por otra parte, salvo su confesor y sus superiores, nadie sab\u00eda que el herpes le caus\u00f3 durante muchos a\u00f1os tales dolencias f\u00edsicas y morales que constituyeron un constante e intenso martirio.<\/p>\n<p>En 1895, predicando a los reclusos en el patio de la c\u00e1rcel de Curic\u00f3, sufri\u00f3 un repentino ataque de paresia facial. Qued\u00f3 con la boca contorsionada y con graves dificultades para hablar. Su angustia era terrible. Se sent\u00eda ante todo misionero: \u00bfpodr\u00eda seguir predicando? Resignado a la voluntad divina, se adhiri\u00f3 a las prescripciones m\u00e9dicas. Dobl\u00f3 sus oraciones. Varias veces al d\u00eda se golpeaba la cara con ortigas. Le cost\u00f3 pronunciarse. Poco a poco se fue recuperando y pudo retomar su actividad misionera hasta el final de sus d\u00edas:<\/p>\n<p>Todos estos sufrimientos y muchos m\u00e1s le parec\u00edan poco para alcanzar su ideal misionero. \u00abHum\u00edllame, Se\u00f1or\u00bb, repiti\u00f3, \u00abpero salva las almas\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abEL SANTO PADRE MARIANO\u00bb<\/strong>.<\/p>\n<p>El Obispo de La Serena, Dr. Fontecilla, buen conocedor del Siervo de Dios, atestigua: \u00abLa gente llama al P. Mariano: \u00ab<em>El Santo Padre Mariano<\/em> y dice la verdad\u00bb. En todo ese Obispado se le llama precisamente as\u00ed. El hermano Marc\u00e9, claretiano, cuya causa de beatificaci\u00f3n tambi\u00e9n se est\u00e1 introduciendo, tambi\u00e9n afirm\u00f3: \u00abSiempre lo consider\u00e9 un santo y as\u00ed lo llamaron muchos otros: <em>\u00abEl Santo Padre Mariano\u00bb. <\/em>.<\/p>\n<p>En cuanto a sus cualidades naturales, el Siervo de Dios era culto, trabajador, de hermosa presencia, con finura de trato y de palabra, lo que le hac\u00eda respetable, manso, humilde, caritativo, abnegado hasta el hero\u00edsmo, amigo de los \u00e1ngeles y padre de los pobres, sin apegos terrenales. \u00abnunca conociendo m\u00e1s y m\u00e1s de su virtud heroica. Su genio vivo y su car\u00e1cter violento s\u00f3lo eran recordados por quienes lo hab\u00edan conocido de joven. En esto est\u00e1n de acuerdo los que vivieron con \u00e9l\u00bb. \u00abEra la misma mansedumbre, aunque de car\u00e1cter violento\u00bb. \u00abUno de los atractivos del P. Mariano: el candor, la transparente sencillez de su rostro&#8230;\u00bb \u00abEn el tiempo que le conoc\u00ed, no recuerdo haber encontrado en \u00e9l la m\u00e1s m\u00ednima falta a los Mandamientos o a las Reglas\u00bb. \u00abDicen que ten\u00eda un temperamento violento, pero yo nunca lo not\u00e9. En cambio, not\u00e9 en su forma de actuar mucha dulzura y humildad\u00bb.<\/p>\n<p>Ya en el noviciado, formul\u00f3 una decisi\u00f3n irrevocable con su famosa frase: &#8216;0 <em>Santo <\/em>o <em>muerto&#8217;: <\/em>Ten\u00eda que ser santo, sin regatear ni con los enemigos externos ni con los internos. Esto es lo que repet\u00eda con frecuencia en sus notas y resoluciones espirituales que terminaban con la frase: \u00abEn esto no hay nada m\u00e1s\u00bb. Hacer las cosas de la voluntad de Dios y hacerlas mal, imperfectamente, no entraba en su mente. Dec\u00eda: \u00abTengo m\u00e1s miedo de un solo pecado venial que de todas las enfermedades, persecuciones o desgracias temporales\u00bb. El secreto de la santidad del P. Mariano era: hacerlo todo bien.<\/p>\n<p>Se reun\u00eda invariablemente en retiro espiritual dos veces al mes. Incluso en las misiones encontraba tiempo para pasar horas ante el Sant\u00edsimo. A menudo pasaba la noche en oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces le sorprendieron los fieles con los brazos cruzados ante el altar y rodeado de esplendores con el cuerpo en \u00e9xtasis durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa! Ten\u00eda una gran devoci\u00f3n por la Sant\u00edsima Trinidad. Todos los d\u00edas rezaba el Trisagion, el Santo Rosario, y visitaba a menudo el Sant\u00edsimo Sacramento. Tambi\u00e9n dijo la Corona de los Siete Dolores de la Virgen. Hizo la Novena del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda por la conversi\u00f3n de los pecadores, la Novena de la Gracia de San Francisco Javier y mantuvo otras devociones especiales. En la mesa de centro de su habitaci\u00f3n siempre hab\u00eda una imagen de Jes\u00fas con la cruz sobre los hombros. Pero su devoci\u00f3n favorita era el Coraz\u00f3n Inmaculado de Mar\u00eda. No pod\u00eda ser de otra manera, ya que se sab\u00eda hijo de su Coraz\u00f3n. Siempre con el Rosario en la mano, lo rezaba en p\u00fablico o en la Iglesia, vestido con sobrepelliz, para darle mayor solemnidad. Lo recomendaba constantemente. Incluso pidi\u00f3 a los Superiores de la Congregaci\u00f3n que todos los Misioneros lo llevaran en su h\u00e1bito. Tambi\u00e9n era muy devoto de San Jos\u00e9, de los \u00c1ngeles Custodios, de los grandes santos misioneros, como San Francisco Javier, y de los santos hospitalarios, como San Juan de Dios y San Camilo de Lellis&#8230; Ten\u00eda una extraordinaria devoci\u00f3n por Santa Teresa de Jes\u00fas, a la que mencionaba constantemente en sus sermones y escritos. Se empe\u00f1\u00f3 en leer cada d\u00eda algunos pasajes de las obras del Santo, as\u00ed como de Santo Tom\u00e1s de Aquino. Su libro preferido en Santiago era <em>La gran mujer Teresa de Jes\u00fas<\/em>, una edici\u00f3n preparada y comentada por el ya beato Enrico Oss\u00f2.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or y la Virgen le consolaron a menudo con iluminaciones y gracias diligentemente marcadas en sus notas. Se hab\u00eda tomado tan en serio el ejercicio de la presencia de Dios que, habiendo pasado una hora sin pensar en \u00c9l, tal vez por estar ocupado con los deberes de su Superior, se acord\u00f3 amargamente de s\u00ed mismo y, arrepentido, se dirigi\u00f3 al Se\u00f1or: \u00abPerd\u00f3name, Dios m\u00edo. Tanto tiempo sin pensar en Ti\u00bb.<\/p>\n<p>El 15 de octubre de 1884, se propuso hacer lo m\u00e1s perfecto. Poco despu\u00e9s se comprometi\u00f3 a ello con un voto, que se renovar\u00eda en las fiestas de Mar\u00eda. Una luz del Se\u00f1or se\u00f1al\u00f3 cuidadosamente: \u00abLa laxitud de las comunidades depende de la inobservancia de los Superiores, as\u00ed como la observancia depende de su buen ejemplo\u00bb. Convencido de esta verdad, estimaba tanto las Constituciones de su Congregaci\u00f3n que se arrodillaba y las besaba con afecto y devoci\u00f3n al recogerlas.<\/p>\n<p>\u00abSus notas, por muy lac\u00f3nicas que sean, tienen toques conmovedores y sublimes\u00bb, escribe el bi\u00f3grafo P. M. Aldu\u00e0n. El Siervo de Dios, como San Pablo, no pudo aguantar m\u00e1s con el aguij\u00f3n de la carne. Del Se\u00f1or recibi\u00f3 una inspiraci\u00f3n: \u00abLa conformidad con mi voluntad debe llegar hasta el punto de resignarse a no conseguir lo que se desea. No quiero concederle una castidad angelical, sino que sufra terribles tentaciones&#8230; S\u00e9 paciente Cree: es mejor no preocuparse ni quejarse si no tienes la pureza de los santos y los \u00e1ngeles&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A principios de 1891, en la misi\u00f3n de Sotaqui, Dios le favoreci\u00f3 con una devoci\u00f3n muy especial al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. El 4 de septiembre del mismo a\u00f1o, le dej\u00f3 claro: si quer\u00eda ser su disc\u00edpulo, ten\u00eda que llevar la cruz siempre y no quejarse nunca (y aqu\u00ed recuerda sus enfermedades).<\/p>\n<p>Sus penitencias no eran pocas, aparte de los achaques mencionados: disciplina diaria, cilicio dos veces por semana como m\u00ednimo, no saciar la sed, rezar de pie, beber poco, dejar parte de la comida para el almuerzo y la cena todos los d\u00edas, levantarse a las tres de la ma\u00f1ana. Todo esto le pareci\u00f3 poco y pidi\u00f3 a sus superiores a\u00fan m\u00e1s.<\/p>\n<p>El 18 de mayo de 1900, durante la misi\u00f3n de Graneros, el P. Mariano hizo el voto de sacrificio. Lo escribi\u00f3 en un papel desprendido, fechado y firmado, que llevaba siempre consigo. \u00abDios todopoderoso y eterno&#8230; me comprometo por voto perpetuo de sacrificio, a renovar una vez al d\u00eda a tu divina Majestad la ofrenda de mis dolores y de mi vida por la salvaci\u00f3n de las almas. En particular&#8230; Tambi\u00e9n me comprometo con el mismo voto a soportar pacientemente y sin murmurar los sufrimientos y la muerte; a pedirte cada d\u00eda que me aceptes como v\u00edctima; a conducirme por el camino de la Cruz y de los dolores de tu divino Hijo&#8230; Coraz\u00f3n agonizante de Jes\u00fas, v\u00edctima de amor por nosotros, d\u00edgnate unirme a tus santas disposiciones, especialmente a las que tuviste en el Huerto de los Olivos y en la Cruz. Ofr\u00e9ceme en sacrificio contigo al Padre Celestial como un holocausto de olor agradable. Coraz\u00f3n compasivo de Mar\u00eda, propiciadme para que cumpla fielmente mis promesas; rogad al Esp\u00edritu Santo que me conceda sus abundant\u00edsimas bendiciones. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Autobiograf\u00eda Significativa<\/strong>.<\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os antes de su muerte, el P. Mariano, deseoso de una mayor perfecci\u00f3n, escribi\u00f3 a sus Superiores exponiendo lo que ten\u00eda en su coraz\u00f3n. Para que conozcan mejor su esp\u00edritu, con toda sencillez y humildad presenta el panorama de su alma. La carta fue publicada en los Anales de la Congregaci\u00f3n poco despu\u00e9s de su muerte para que pudieran admirar el esp\u00edritu e imitar los ejemplos del Siervo de Dios. Extraemos algunos p\u00e1rrafos.<\/p>\n<p><strong>Pulpitus.<\/strong> &#8211; Nunca he subido all\u00ed. Siempre he predicado cosas preparadas o conocidas.<\/p>\n<p><strong>Oficina Divina.<\/strong> &#8211; Nunca la he dejado. Lo rezo siempre de pie y, si es posible, ante el Sant\u00edsimo. Si lo digo yo solo, recorro el Camino de la Cruz.<\/p>\n<p><strong>Misiones.<\/strong> &#8211; Por mi parte, siempre confieso a los hombres; aunque tambi\u00e9n procuro que los dem\u00e1s Padres los confiesen a su vez. Sin embargo, si veo que se cansan o noto un trato que no se ajusta a la caridad,<br \/>\nIntento con prudencia aliviarlos. Normalmente dirijo el Rosario en p\u00fablico. Me ocupo de que nadie omita la acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la comuni\u00f3n. En las misiones poco concurridas, si no hay nadie que lo haga, les ayudo yo mismo; en las misiones numerosas, en cambio, siempre encuentro a alguien que me echa una mano: esto es providencial. El Se\u00f1or me da mucha buena voluntad y fuerza para superar todas las dificultades en estos ministerios, pensando que uno busca la gloria de Dios. Si me dijeran que la voluntad de Dios es predicar siempre las misiones ayunando, no comiendo carne ni bebiendo vino, etc., lo repetir\u00eda inmediatamente y con el mayor placer. inmediatamente y con el mayor placer repetir\u00eda con el profeta Isa\u00edas: \u00abEcce ego, mitte me\u00bb: Aqu\u00ed estoy, env\u00edame\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Levante.<\/strong> &#8211; Deben hacer unos diecisiete o dieciocho a\u00f1os que no me levanto a las tres y media de la ma\u00f1ana. Sin embargo, en tiempo de misi\u00f3n, si dormimos en la misma habitaci\u00f3n, rezo dos partes del Rosario de rodillas en la cama para no molestar. A veces, y s\u00f3lo durante algunos d\u00edas, se me permite levantarme a las tres.<\/p>\n<p><strong>Dolores y malestares.<\/strong> &#8211; Desde hace cinco o seis a\u00f1os sufro de una pierna &#8230; Durante muchos a\u00f1os un estado de \u00e1nimo herp\u00e9tico &#8230; Y durante algo m\u00e1s de tres a\u00f1os tuve un ataque de paresia facial, con secuelas que duraron toda la vida. Gracias a Dios, todo es compatible con el trabajo apost\u00f3lico, como s\u00e9 por experiencia. En esto veo una especial providencia del Se\u00f1or, una gran protecci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, los \u00c1ngeles y los Santos.<\/p>\n<p><strong>Hospitales. <\/strong>&#8211; Cuando voy al hospital siempre predico y confieso. He confesado a miles de enfermos y lo he hecho durante 26 a\u00f1os cuando las circunstancias me lo han permitido. Nunca beb\u00ed un vaso de agua, menos dos veces que tom\u00e9 alguna cosa insignificante encontr\u00e1ndome indispuesto.<\/p>\n<p><strong>Messe.<\/strong> &#8211; Siempre me preparo. Escucho otra misa en acci\u00f3n de gracias. En los compromisos hago un cuarto de hora de acci\u00f3n de gracias. Desde mi estancia en Santiago (tres a\u00f1os) apenas me confieso; as\u00ed que puedo escuchar algunas misas, rezar el oficio u otras devociones. Me viene muy bien.<\/p>\n<p><strong>Tiempo.<\/strong> &#8211; Intento aprovecharlo al m\u00e1ximo. Me gustar\u00eda tener m\u00e1s&#8230; -&#8230;\u00a1durmiendo! Me gusta mucho estudiar.<\/p>\n<p><strong>Fuerza.<\/strong> &#8211; Rara vez me canso. Cu\u00e1ntas veces, en misiones extenuantes o en hospitales, me digo: \u00ab\u00a1Oh, si pudiera seguir al menos un par de horas m\u00e1s o hasta que me canse!\u00bb.<\/p>\n<p>Santa indiferencia. &#8211; Nunca he pedido cambiar de casa o de ocupaci\u00f3n. La santa obediencia es mi norte.<\/p>\n<p><strong>Confesiones<\/strong>. &#8211; Creo que no he pasado ocho d\u00edas sin confesarme en la Congregaci\u00f3n. Rara vez, por tranquilidad, lo he hecho dos veces por semana.<\/p>\n<p><strong>Superiores<\/strong> &#8211; Trato de considerarlos como Representantes de Dios, como realmente son. A cada Superior, inmediato o de otra Casa, le escribo de rodillas si puedo.<\/p>\n<p><strong>Libertad de conciencia<\/strong>. &#8211; No me consta que haya ocultado nada importante, ni propio ni ajeno, a aquellos a los que deb\u00eda informar.<\/p>\n<p><strong>Defectos.<\/strong> &#8211; He tenido y tengo muchos; pero, siguiendo el ejemplo del Padre La Puente, nunca hago las paces con ellos. <em>Primero: <\/em>Pido perd\u00f3n a los ofendidos. <em>Segundo: <\/em>si puedo, en p\u00fablico. <em>Tercero: <\/em>Confieso. Desde que estoy en la Congregaci\u00f3n, no me remuerde la conciencia de haber cometido un pecado grave. \u00a1C\u00f3mo debo agradecer al Se\u00f1or por tan grande misericordia!<\/p>\n<p><strong>Mortificaci\u00f3n externa.<\/strong> &#8211; Paso a\u00f1os enteros sin tomar nada entre comidas. Nunca he dejado el cilizi y la disciplina, excepto en la enfermedad.<\/p>\n<p><strong>Pobreza<\/strong>. &#8211; Por mi cuenta comer\u00eda lo que otros dejaron. Siempre iba en trenes de tercera clase. Desde que entr\u00e9 en la Congregaci\u00f3n nunca he usado sombreros nuevos, breviarios ni nada parecido&#8230;. y si a veces usaba faldas, pantalones nuevos, etc., era porque no pod\u00eda tener otra cosa.<\/p>\n<p><strong>Devociones.<\/strong> &#8211; Nunca las descuido; s\u00f3lo a la hora de las misiones exigentes&#8230; as\u00ed como la media hora de oraci\u00f3n obligatoria, que de ordinario compenso escuchando una Santa Misa.<\/p>\n<p><strong>Oraciones, lecturas, ex\u00e1menes. Itinerario. <\/strong>&#8211; Nunca he descuidado estas pr\u00e1cticas, haci\u00e9ndolas de una manera u otra. En las cabalgatas, a veces de un d\u00eda entero, las compenso con el Rosario, eyaculadores, etc. En el tren me disculpo con compa\u00f1eros o desconocidos que me hablan&#8230; y as\u00ed atiendo a mis devociones.<\/p>\n<p><strong>Propuestas. <\/strong>&#8211; Creo que no he dejado ninguna semana para leerlos, y, previendo que no tengo tiempo, los le\u00ed dos veces la semana anterior. Siempre y en toda circunstancia hago prop\u00f3sitos. Si son nuevas o de cosas olvidadas; las escribo. Esto me ha servido.<\/p>\n<p><strong>Vidas de Santos<\/strong> &#8211; Me gustan mucho. Tengo una santa envidia por no poder imitarlos en sus virtudes, especialmente en las obras de celo.<\/p>\n<p><strong>Caridad fraternal<\/strong>. &#8211; Nunca he tenido amistad o enemistad dentro o fuera de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Creo que lo que he dicho es suficiente para que se entienda qu\u00e9 esp\u00edritu me ha guiado desde que tuve la gran alegr\u00eda de entrar en nuestra querida Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mis queridos Padres: Estoy convencido de que, despu\u00e9s de Dios, todo se lo debo a mi Santa Madre, la Virgen Mar\u00eda, a mi \u00c1ngel de la Guarda, a varios Santos de mi devoci\u00f3n, a las almas del Purgatorio y de manera especial a nuestra Ven.<br \/>\nparticular a nuestro Venerable Fundador. Por lo tanto, debo estar muy agradecido por tan distinguido favor, observando esta regla de vida en penitencia de mis grandes pecados.<\/p>\n<p>La experiencia del pasado me ense\u00f1a a no abusar en el futuro. As\u00ed espero de la misericordia de Dios. Nunca he tenido ninguna dificultad para hacerlo; he vivido muy tranquilo Y si a veces, por respeto humano, imprudencia o indolencia he descuidado algo de mis intenciones, he sentido un profundo dolor. As\u00ed que pronto tengo que dejarlo todo. La vejez y la muerte se apoderar\u00e1n m\u00e1s tarde de mi humilde persona. Por lo tanto, en el nombre del Se\u00f1or, pido:<\/p>\n<ul>\n<li>Santa libertad para trabajar por la gloria de Dios&#8230;<\/li>\n<li>Levantarse a las tres de la ma\u00f1ana; dejar la cena&#8230; siempre lo har\u00eda en ayunas. Que me permitan hacer la prueba durante un a\u00f1o o medio: ver\u00e1n c\u00f3mo me favorece el Se\u00f1or.<\/li>\n<li>Si me permiten hacer la prueba durante un a\u00f1o o medio.<\/li>\n<li>Si mis Superiores inmediatos no est\u00e1n de acuerdo con mis deseos, que este escrito m\u00edo sea remitido intacto al Gobierno General de la Congregaci\u00f3n, para que, con su criterio m\u00e1s imparcial e ilustrado, se conozca mejor cu\u00e1l es la voluntad de Dios; as\u00ed quedar\u00e9 tranquilo con su divina gracia.<\/li>\n<li>Ocupar siempre el \u00faltimo lugar de la Casa a la que me destina la obediencia.<\/li>\n<li>Y, por \u00faltimo, pido y deseo con toda mi alma que; resuelto a favor o no de estos deseos m\u00edos&#8230; se rompa la frita. Que no se hable m\u00e1s en mi favor ni de los vivos ni de los muertos. \u00abSoli Deo honor et gloria\u00bb. Mi cosecha no es nada y el pecado, como lo afirma la Fe y lo prueba la experiencia de toda mi vida\u00bb.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>FALLECE EN EL HOSPITAL<\/strong>.<\/p>\n<p>El 13 de enero de 1903 se inaugur\u00f3 solemnemente la nueva Casa de la Misi\u00f3n Clarettiani en Coquimbo, en la Iglesia de San Luis. El prelado de La Serena presidi\u00f3 el rito. El padre Mariano estaba destinado a esta Comunidad. Era su \u00faltimo destino. El pueblo ya lo conoc\u00eda. Cabe destacar que, al d\u00eda siguiente, el peri\u00f3dico \u00abIl Commercio\u00bb de La Serena, al describir la ceremonia de toma de posesi\u00f3n, public\u00f3 estas significativas notas:<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>\u00abUstedes prisioneros de Coquimbo. Ayer, al terminar las fiestas, pudisteis escuchar la voz del santo P. Mariano (este es el nombre por el que se le conoce y llama desde Antofagasta hasta el Archipi\u00e9lago) que a partir de ahora estar\u00e1 en vuestra compa\u00f1\u00eda todos los d\u00edas para llevar consuelo y conformidad a vuestros corazones. Enfermos del hospital, en todo momento el P. Mariano estar\u00e1 a vuestra cabecera para derramar el b\u00e1lsamo del consuelo sobre vuestras almas, secar vuestras l\u00e1grimas, calmar vuestros dolores y tranquilizar vuestras conciencias&#8230;\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p>As\u00ed fue en la realidad. El Siervo de Dios continu\u00f3 sin descanso en las misiones, particularmente en la Granja Guayac\u00e1n y con las Religiosas del Buen Pastor de La Serena. Para entonces, el final estaba cerca. Se lo dijo a m\u00e1s de una persona: \u00abiba a morir como un buen soldado en el campo de batalla\u00bb. \u00abVarias veces me confi\u00f3 que iba a morir en un hospital\u00bb, dijo un testigo del Juicio. Y a su compa\u00f1ero de misi\u00f3n, el P. Anselmo Santisteban, al despedirse para su nuevo destino: \u00abAdi\u00f3s. Padre Anselmo. De Coquimbo al cielo\u00bb.<\/p>\n<p>El martes 12 de abril de 1904 se embarc\u00f3 en el buque <em>Pizarro<\/em> junto con el padre Medina. Al d\u00eda siguiente llegaron a Huasco donde celebraron la Santa Misa. Por la noche bajaron a Caldera y de ah\u00ed a Copiap\u00f3. Predicaron misiones en Cha\u00f1arcillo, Los Loros y San Antonio. Tras un largo y arduo viaje hasta Cerro Blanco, el 2 de mayo iniciaron una cuarta misi\u00f3n. Al P. Mariano le toc\u00f3, sin saberlo, un caballo de sombra que, a mitad de camino, le tir\u00f3 al suelo sin consecuencias aparentes. Quiz\u00e1s esta ca\u00edda fue la causa de la enfermedad que le sobrevino dos d\u00edas despu\u00e9s. El 4 de mayo de 1904, despu\u00e9s de predicar por la ma\u00f1ana sobre la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9 y por la tarde sobre el Rosario, tuvo que acostarse. Algunos imaginan un resfriado del d\u00eda anterior, que hab\u00eda cogido al ir de casa en casa invitando a la gente a la misi\u00f3n. El d\u00eda 5 se levant\u00f3 para celebrarlo. En la iglesia, mientras rezaba con gran fervor con los fieles durante la misa del padre Medina, le sobrevino un fuerte ataque y se desplom\u00f3 en el reclinatorio. Fue llevado inmediatamente a la casa donde se encontraba. Fiebre alta, sin conciencia. El m\u00e9dico hab\u00eda desaparecido. El farmac\u00e9utico le atendi\u00f3. Cuando entr\u00f3 en raz\u00f3n, no permiti\u00f3 que se interrumpiera la misi\u00f3n. Al agravarse su enfermedad, tuvo que ser trasladado a Carrizal Alto. Pidi\u00f3 el vi\u00e1tico y la unci\u00f3n de los enfermos. A falta de carruajes, no fue posible llevarlo a caballo. Por ello, prepararon un carruaje lo m\u00e1s c\u00f3modo posible. La mudanza era la salida del pueblo. Mientras el carruaje se mov\u00eda lentamente, la gente alrededor lloraba, besaba su crucifijo, sus manos, dirig\u00eda palabras intercaladas con saludos, y el Padre Mariano los bendec\u00eda a todos. La gente, que lo estimaba como un santo, qued\u00f3 profundamente impresionada al conocer este detalle: cuando le quitaron la ropa para acostarlo despu\u00e9s del ataque, encontraron una gran cut\u00edcula de pelo alrededor de su cuerpo, que hab\u00eda penetrado tan profundamente en su carne que era dif\u00edcil arrancarla.<\/p>\n<p>Desde la estaci\u00f3n de Yerba Buena, lo llevaron en tren a Carrizal Alto, un pueblo minero de dos mil habitantes, donde. el Padre predic\u00f3 varias misiones. Cuando lleg\u00f3 al hospital donde hab\u00eda consolado a tantos enfermos, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios! He llegado a casa. Toda mi vida he pedido al Se\u00f1or la gracia de morir en un hospital, y ahora la tengo\u00bb. El m\u00e9dico diagnostic\u00f3: neumon\u00eda. El P. Mariano le agradeci\u00f3 cordialmente sus servicios. Luego a\u00f1adi\u00f3: \u00abTodo lo que haces por m\u00ed es in\u00fatil: debo morir. Espero la gloria del Se\u00f1or\u00bb. En las V\u00edsperas de la Ascensi\u00f3n volvi\u00f3 a recibir el Vi\u00e1tico y la Extremaunci\u00f3n. No dej\u00f3 de recomendar la oraci\u00f3n, el Santo Rosario y la jaculatoria: \u00abDulce Coraz\u00f3n de Mar\u00eda, s\u00e9 mi salvaci\u00f3n\u00bb. Tras recibir la bendici\u00f3n papal, puso su alma en manos de Dios a la una de la madrugada del s\u00e1bado 14 de mayo de 1904. Ten\u00eda 60 a\u00f1os y 28 d\u00edas. Se celebr\u00f3 un solemne funeral con la participaci\u00f3n de todo el pueblo. En el humilde cementerio, se le dio sepultura en una tumba prestada. Por todas partes corr\u00eda el mismo comentario de boca en boca: <em>\u00abSan P. Mariano ha muerto\u00bb. <\/em>Sobre el ata\u00fad: 14 coronas de flores. Las palabras del p\u00e1rroco de Carrizal Alto, recogidas por la prensa, fueron conmovedoras: &#8216;No hab\u00eda c\u00e1rcel ni hospital que no visitara. Quiz\u00e1 no haya ning\u00fan otro religioso en Chile que conozca mejor a los pobres y a los desgraciados que \u00e9l. Recorri\u00f3 nuestro suelo desde Aracaunia hasta Tarapac\u00e1, cumpliendo su santa misi\u00f3n de ense\u00f1ar las buenas costumbres y el recto vivir a casi todos los habitantes de esta naci\u00f3n. Su potente voz era un consuelo para todos los que ten\u00edan la suerte de escucharle.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, sus restos fueron trasladados a la Iglesia de los Claretianos en La Serena, la Iglesia de tantos a\u00f1os de su labor apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Una sencilla l\u00e1pida de m\u00e1rmol blanco llevaba el epitafio:<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>\u00abAl Siervo de Dios R. Al P. Mariano Avellana C.M.F., Santo Misionero, Compasiv\u00edsimo con Dios, Austero consigo mismo, Caritativo con los Pobres, Incansable Ap\u00f3stol de las Almas. fallecido en Carrizal Alto el 14 de mayo de 1904, sus Hermanos Misioneros y sus innumerables devotos, le dedicamos este memorial\u00bb. <\/strong><\/h4>\n<p>En 1919 se inici\u00f3 en La Serena el Juicio Ordinario sobre la fama, virtudes y milagros del Siervo de Dios. Tres Procesos m\u00e1s en Santiago de Chile, en Rosario de Santa Fe y en su di\u00f3cesis natal de Huesca completaron el material. Pablo VI decret\u00f3 la introducci\u00f3n de la Causa el 7 de enero de 1972. Sus restos mortales fueron llevados recientemente a la Bas\u00edlica del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda de Santiago de Chile, donde el P. Mariano ejerci\u00f3 su apostolado durante tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p>No se puede contar el n\u00famero de devotos favorecidos por las gracias especiales obtenidas al invocar la poderosa intercesi\u00f3n del santo Padre Mariano. <em>(Autor: P. Federico Guti\u00e9rrez)<\/em>.<\/p>\n<p>___________________________________<\/p>\n<p>Quienes deseen comunicar las gracias recibidas por la intercesi\u00f3n de la Sierva de Dios pueden dirigirse a cualquier Casa de los Misioneros Claretianos, especialmente a la siguiente direcci\u00f3n:<\/p>\n<ol>\nPostulador General &#8211; Misioneros Claretianos.<br \/>\nVia del Sacro Cuore di Maria 5\n<\/ol>\n<p>00197 R O M A[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Venerable P. Mariano Avellana Lasierra, naci\u00f3 en Almud\u00e9var (Huesca &#8211; Espa\u00f1a) el 16 de abril de 1844. Fue bautizado el mismo d\u00eda. Recibi\u00f3 su confirmaci\u00f3n el 2 de abril de 1851. 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