MARÍA MADRE DE DIOS
Un refrán antiguo, poco conocido, dice: “El pez asomó la cabeza en medio del lago, y se enteraron al instante las orillas”. Tiene, como todos los refranes, su mensaje. Todo lo que yo hago tiene repercusiones y con frecuencia alguien siente la vibración sin saber de dónde viene. Elevad al infinito el refrán cuando la acción es de Dios. Su amor a sus criaturas se manifestó en el envío de su Hijo que puso su tienda de campaña entre nosotros. Y ese asomarse Dios al mundo ha cambiado la situación del planeta, porque la Gracia de salvación ha llegado a todos, incluso a quienes no lo saben. Como dice el poeta, ni siquiera han quedado “intactas las estrellas” (Carlos G. Vallés).Santa Isabel gozó la primera de ese impacto, y, llena del Espíritu, clamó su gozo, y la conmoción que sentía entendió que venía del latir de ese corazón chiquito que latía al compás del de María. Y el pequeño que crecía en su seno saltó también de gozo; y, confusa por el privilegio, añade: “¿Cómo es posible que venga a servirme la Madre de mi Señor?”. Puedo conocer lo que eres al sentir el fruto que traes a la humanidad.Este gozo y esta humildad de Isabel provocaron también la reacción del alma de María, que expresó, sin glosas de miedo, el talante exacto: “Es el Señor el que ha hecho estas maravillas en su pequeña esclava”. Pero ya con voz profética anuncia que esta venida trae por fin la realidad nueva esperada: El Reino del amor, de la justicia, del servicio. Y en consecuencia caerán de su trono los poderosos y se situará en su lugar a los humildes.Efectivamente el mensaje de Jesús no viene a acomodarse a las circunstancias egoístas de los humanos. Viene a trastornarlas y subvertirlas. No se acomoda a sus coordenadas históricas porque está por encima del tiempo. Así, por ejemplo, el incisivo “no se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24) rechinaría en los oídos de los publicanos, como rechina hoy en los corruptos, narcotraficantes y explotadores. El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras de Jesús no pasarán.