Eduardo José Hernández Morales

De sentirme perdido con respecto a mis creencias, mi vocación y mi fe, a ser un líder, un animador, testimonio y el representante de la juventud de todo un continente (América).
Desde muy pequeño fui bastante participativo en la parroquia San Antonio María Claret, ubicada en Guatemala, gracias al deseo de mi madre de inculcarme la fe católica para que desarrollara un sistema de creencias alineado a la filosofía de Jesús. En ese sentido comencé a los 13 años a servir como monaguillo y a pesar de mi corta edad rápidamente le tomé mucho amor al servicio, y ese amor era percibido por la comunidad de la parroquia a la que también le fui tomando mucho cariño con el paso del tiempo.
Mas tarde a los 18 años me fui alejando de la Iglesia y del servicio debido a que me comenzaron a surgir varias dudas respecto a Dios y a mi fe. Todas esas dudas fruto del ruido del mundo que me bombardeaba todo el tiempo con distintas opiniones, críticas y argumentos en contra de Dios y de la Iglesia Católica.
Luego con la llegada de la Pandemia del COVID-19 en 2020, mi relación con Dios se fue debilitando todavía más, ya que ni siquiera por rutina iba a alimentar mi Espíritu de la Palabra y de la Eucaristía en la santa misa debido a la cuarentena en mi país.
Durante todos esos años me sentí perdido, sin rumbo, sin claridad, sin identidad en el ámbito espiritual y eso sin duda afectaba también otras áreas de mi vida, a nivel personal, emocional, familiar y laboral principalmente.
Sin embargo, Dios siempre estaba presente, aunque no pudiera verlo o escucharlo en su momento. Yo voluntariamente decidí alejarme, pero Él como buen pastor, no se olvidaba de mi que era una oveja perdida.
Fue hasta en 2022 que todo comenzaba a normalizarse luego de la Pandemia que, por vieja costumbre, retomamos ir a la Iglesia con mi familia. Un domingo al final de una de las celebraciones me encontré a un sacerdote (P. César Spinoza CMF.) que me reconoció por mis años de servicio como monaguillo y me saludo. Me preguntó cómo estaba y qué tal iba mi “vocación”, recuerdo que le respondí que aún no sentía el llamado en son de broma y él me respondió: “No puedes dejarle todo el trabajo a Dios, tú tienes que hacer tu parte…”
Entonces me presento en ese momento a un hermano claretiano (Hno. Hugo Agrazal CMF) que me invito a un café y a iniciar un proceso de discernimiento vocacional con el acompañamiento de los claretianos. Comencé el proceso sin expectativas pensando que no tenía nada que perder (pero vaya que si mucho por ganar) y sin esperarlo derivado de ese primer acercamiento de Dios hacia mi persona, al poco tiempo acepté unirme a la pastoral de proclamadores, lo que me causo mucha ilusión ya que era un servicio que me permitía subir al altar y que me recordaba como me sentía cuando servía como monaguillo. De pronto como fila de dominós, una cosa llevo a la otra y también comencé a servir como catequista de confirmación y como coordinador de pastoral juvenil.
Las dudas que tenía comenzaron a disiparse, obtuve respuestas a varias interrogantes y nuevamente sentía como el Espíritu guiaba mi camino y me brindaba claridad. Dios a través de la comunidad (personas puntuales) me iba orientando para mantenerme en comunión con Él y para “ser sal de la Tierra y luz del mundo (Mt. 5, 13-16)”.
El compromiso, la buena voluntad y la alegría con la que servía me inspiraba a adentrarme más en la fe y en la Iglesia. Tanto que viaje a Portugal para vivir la JMJ (jornada mundial de la juventud), apoye en la organización del R+FC 2023 en El Salvador (encuentro de jóvenes claretianos de mi Región) y me fui de misión a distintas posiciones misioneras en mi país junto a los claretianos.
Todo esto y más hizo que aceptara la responsabilidad de ser el representante de Claret Way de mi Región (Romero) y posteriormente también del continente de América. Emocionado, agradecido y con la ayuda de Dios espero humildemente ser testimonio desde mi juventud para la construcción de su Reino.
Ciudad de Guatemala, Guatemala.
Noviembre de 2024.







