Hijas del Sto. e Inmaculado Corazón de María – Filiación Cordimariana (HICM)

Entre 1840 y 1850 una idea singular comenzó a rondar el corazón de Claret y a “ocuparle delante de Dios”: (¿Es esencial a la vida consagrada la estructura externa de la vida religiosa?) ¿Cómo ofrecer la oportunidad de abrazar la radicalidad del Evangelio a quienes desean permanecer en el mundo o tienen que vivir en él? ¿Más aún, si el proceso de descristianización, que entonces comenzaba, proseguía su avance,) cómo llevar a los hombres la Buena Noticia cuando llegaran a rechazar lo que se les presentara como signo visible de exigencia evangélica? Claret comenzó a entrever entonces la necesidad de introducir, en el corazón del mundo, la fuerza transformadora de personas que hubieran hecho de Jesucristo el valor supremo en el que todos los demás valores encontraran su lugar y su sentido. Poco a poco esta idea fue tomando cuerpo hasta convertirse en un sueño y más tarde en gozosa realidad.

El primer paso fue la publicación de un librito -“Las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María”-, que vio la luz en la primavera de 1850. El ideal presentado era casi revolucionario en su época: vivir la plenitud de la consagración en el mundo, junto a los demás hombres, teniendo por claustro el Corazón de María. En la época de Claret no fue posible hacer más y Filiación Cordima¬riana sólo pudo ser un manantial que nacía en el silencio, una corriente percibida únicamente por aquellos que, como Claret, recibieron una visión profética proyectada hacia el futuro. Pero la vida de ese manantial inagotable pujaba desde dentro, sin prisas. Pasaría más de un siglo hasta que la Iglesia reconociera que en su entraña había nacido una corriente nueva, que intentaba penetrar los rincones más recónditos del mundo con la transparencia del Evangelio. Esa corriente se llamaría Filiación Cordimariana.

Plasencia (España), 1943. Un grupo de Misioneros Claretianos recoge con amor la luz encendida por el P. Claret y decide convertir el sueño en realidad. El libro claretiano comienza a ser “norma de vida” para un núcleo de jóvenes entusiastas decididas a constituirse en “familia” dentro de la Iglesia. Simultáneamente la misma chispa se enciende en varios lugares de Europa y América y se organizan diversos grupos. En todos ellos alienta idéntica vida, adivinándose ya una unidad singularmente rica en esa diversidad que le dio origen. En 1947 Pío XII promulga la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia, que reconoce y aprueba, entre las formas de vida que conllevan el radicalismo evangélico, los Institutos seculares. El sueño del P. Claret tiene ya su propio cauce dentro de la Iglesia, y los esfuerzos organizati¬vos se encaminan a lograr su definición como Instituto secular. El 21 de noviembre de 1973, fiesta de la Presentación de la Virgen, Filiación Cordimariana es aprobada por la Iglesia como Instituto secular de derecho pontificio. Era el fin de un largo camino y el comienzo de un horizonte esperanzada¬mente abierto hacia el tercer milenio de la era cristiana.

Seguir a Cristo virgen, pobre y obediente en medio de un mundo dominado por el egoísmo, el afán de consumir y la autosuficiencia, y hacer así de la propia vida una entrega a los hermanos: esto es hoy Filiación Cordima¬riana. Claret no quiso a las Hijas del Corazón de María “separadas” del resto de la sociedad. Nacieron en la Iglesia para “permanecer y actuar en el mundo hasta transformarlo en Cristo”. A través de su vida y de su palabra debe hacerse presente la radicalidad del Evangelio en la vida diaria, en las condiciones comunes del mundo, en la ley general del trabajo, con sus riesgos e inseguridades.

Website: http://www.filiacioncordimariana.org/