El P. Santiago Cerrato («Santi»), CMF, recuerda su testimonio ante el papa León XIV en la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, España, el 11 de junio de 2026, y reflexiona sobre los principales mensajes de la visita papal a las Islas Canarias.
Padre Santi, en el encuentro del Papa con los sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral en la Catedral de Santa Ana, usted tomó la palabra para dar su testimonio. A nivel personal y como misionero claretiano, ¿qué sentimientos le conmovieron al hablar en nombre de la comunidad y cómo describiría la cercanía y la mirada del Papa León XIV al escuchar la realidad de las islas?
Todo comienza un par de meses antes de la visita del Papa a España, cuando el Vaticano ya confirma los eventos y las citas en los distintos lugares que visitaría el santo padre. El encuentro en la catedral de Las Palmas lo propone nuestro obispo (D. José Mazuelos) como una posibilidad para que el papa tuviera, de primera mano, un conocimiento directo de la realidad pastoral de la diócesis.
Al no contar con excesivo tiempo, las intervenciones oficiales, por así decirlo, se reducen al obispo (saludo inicial), y a dos testimonios: alguien que hable en nombre del clero y de la vida consagrada y una segunda persona que hable en nombre de toda la acción pastoral y el compromiso del laicado en la tarea evangelizadora.
En ese contexto recibo la invitación del obispo para que como sacerdote, párroco, arcipreste, y misionero claretiano hable al Papa en nombre de todos. Sinceramente no me di cuenta en el primer instante de lo que eso supondría, pero mi alma y corazón se sintieron invadidos por sentimientos de agradecimiento, privilegio enorme y dicha inmerecida. Todo con esa paz que lleva siempre consigo las cosas de Dios que te llegan, sin haberlas buscado ni solicitado
Aunque no podía anunciarlo y debía preparar el testimonio con tiempo suficiente para enviarlo a Roma, supe que detrás de mí estaba mi comunidad, mis hermanos claretianos de congregación y el equipo del obispado que acompasó todo el proceso. Poco a poco fui siendo consciente de que mi intervención debía incluir la presencia, la entrega, la vida y la misión de todo el clero, de toda la Vida Consagrada en la isla, y, además, la novedad evangélica que supuso la visita de Claret, como motor evangelizador y de renovación espiritual y social en la isla, 178 años atrás.
Y sucedió algo no programado ni programable: LA MIRADA. Me alegra mucho que me pregunte sobre la cercanía y la mirada del Papa. ¿Hubo nervios? No demasiados. Dios me ha regalado ese sosiego y paz ante situaciones complejas o imprevistas.
Sentí, ahora mirando hacia atrás, un gozo inmenso desde primera hora de la mañana en que todos los hermanos de comunidad salimos juntos hacia la catedral, desde la casa (unos 30 minutos a pie). Y ya todo fue disfrutar de una aventura y una experiencia que se presumía única y de gracia venida del cielo.
La llegada del Papa, entrando en la catedral y bendiciendo el templo, su paso por el Sagrario para orar arrodillado un ratito, el saludo del obispo, la lectura de la Palabra de Dios con el canto del salmo… y ahí, llega mi intervención.
Y nada más ponerme ante el micrófono, me encuentro con la mirada del Papa: una mirada que me regalaba tranquilidad, cercanía, amabilidad, acogida cariñosa, ausencia de nervios o de prisas. Una mirada, que la sentía como una puerta abierta en canal, recibiendo cada palabra que salía de mis labios. Mirada de amiga, de hermano, de peregrino haciendo camino por el mismo sendero: llegar a Dios, de donde salimos.
Sentía que en esa mirada se abrazaban nuestras luchas y soledades que a veces vivimos en nuestra consagración, y nuestra esperanza y gozo por el don de la vocación recibido.
El Papa León XIV exhortó a la Iglesia canaria a ‘abrazar la cruz de Cristo’ y a mantener el rumbo ante las dificultades. Como claretiano, con un carisma que nació con San Antonio María Claret precisamente misionando a pie por estas mismas tierras, ¿cómo resuena esta llamada del Papa a la valentía y a la fidelidad con las raíces históricas de su congregación en el archipiélago?
Tengo que comenzar diciendo, con lo que me pregunta, que quien no ha estado por estas tierras canarias no se imagina el recuerdo agradecido, las huellas evangelizadoras y el estilo misionero que implementó Claret en toda la sociedad canaria, en el clero y en la cultura y política de la época. No dejó indiferente a nadie. Los grandes historiadores suelen coincidir en calificar la historia reciente de la isla como un antes y un después tras el paso de Claret por ella.
Nuestro padre general, que ha visitado la isla varias veces, vivió un gran momento histórico jubilar aquí: el 175 aniversario de la llegada de Claret a la isla, justo un año antes del jubileo congregacional. Algunas de mis palabras dirigidas al santo padre salieron del corazón porque las guardé de su paso por aquí: la congregación claretiana vive en Canarias una sinergia y comunión muy genuina y novedosas en la iglesia local.
En este contexto de comunión y colaboración, el espíritu claretiano ofrece en estas tierras retos y objetivos marcados por el mismísimo fundador. No olvidemos, recordando a un gran misionero claretiano, Pedro Fuertes Combarro, que los canarios fueron claretianos antes que los misioneros. Y efectivamente, a los dos meses de partir desde las islas rumbo a Cataluña, el P. Claret funda la congregación.
Más dificultades, viento en contra, pobreza espiritual y deterioro social que había en esa época de Claret en las islas, no los hay hoy. Desde ahí entiendo el encargo del Papa a toda la Iglesia canaria y universal:
“Les animo a seguir adelante, fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia. Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad”.
Siento que el papa León, respondiendo a lo que escuchó y vio, puso en subrayado esa palabra de Claret que adquieren hoy actualidad y vigencia, cuando él definía al misionero claretiano:
Es un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa, que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del amor de Dios. Nada le arredra, se goza en las privaciones, abraza los sacrificios y no piensa sino en cómo seguir e imitar a Jesucristo en orar, trabajar y sufrir por el bien de todas las almas”.
Durante su visita, el Papa definió a los canarios como un ‘pueblo sin fronteras’ y recordó que ‘la dignidad humana no tiene pasaporte’. Los claretianos en Las Palmas, a través de organizaciones como Proclade Canarias, están muy implicados en el tejido social. ¿Cómo impulsa este fuerte mensaje del Pontífice la intervención y el compromiso diario de ustedes con los más vulnerables y con la realidad migratoria de las costas?
Donde hay un misionero y una misión apostólica con carisma claretiano, siempre debe haber un compromiso por anunciar y llevar el evangelio a todos y en especial a los más necesitados y quebrados por las injusticias estructurales.
El Papa ha alzado, con hechos y palabras, no sólo la mirada, sino también la voz para decirnos por dónde hay que entrar y permanecer en los lugares de misión: las periferias. No hacemos así, otra cosa, que imitar al Maestro y al Señor.
Esta opción por cuidar a los frágiles y acompañar a los más débiles, se cuida y mima en los dos grandes centros misioneros en los que hemos sido enviados a la isla: el colegio, como plataforma evangelizadora y que debe seguir haciendo una opción decididamente evangélica, sin miedos ni complejos, en medio de las estructuras educativas; y la parroquia, lugar para acompañar, formar y evangelizar los diferentes procesos de fe, así como la acogida de aquellos que llegan, llaman, piden o necesitan una casa amiga (hospital de campaña lo llamaba el papa Francisco).
Pero hay un tercer campo de misión, acompañado, dirigido y sostenido por los misioneros claretianos, que sí supone un verdadero compromiso con los más vulnerables y con la realidad migratoria y la pastoral penitenciaria. Me vas a permitir, en este campo, nombrar a un hermano que lleva décadas tejiendo, con rigor y competencia, este mundo de fronteras: el P. Dionsio Redondo.
Forjando equipo, trabajando en red, propiciando la sinodalidad y con un “fuerte” que hace, en este momento, creíble toda la tarea evangelizadora: la comunidad claretiana
El mensaje del santo padre, que ha recorrido, de norte a sur, este país y este archipiélago, tiene su concreción en un trabajo que los misioneros claretianos en las islas han sabido poner en valor, año tras año: formando, acompañando, creando estructuras, y generando comunicación y comunión con toda la realidad diocesana y en conexión con los organismos civiles que se quieran sumar al proyecto de construcción del Reino de Dios: la justicia, la paz, la solidaridad. La fraternidad universal.

Uno de los puntos en los que más insistió el Santo Padre en la catedral fue la necesidad de construir juntos, de mantener una Iglesia unida y misionera que camine en comunión. Desde la perspectiva de las comunidades claretianas de Las Palmas, colegios y parroquias, ¿cuáles son los pasos prácticos para responder a este mandato de sinodalidad que nos ha dejado el Papa?
En mi testimonio y palabras dirigidas al santo padre, le expuse que una de las riquezas de esta diócesis es la sinergia y la colaboración a la hora de trabajar en todas las pastorales y tareas evangelizadoras, con todos los carismas religiosos y consagrados, con todo el clero y con todas las fuerzas vivas del laicado.
La comunidad claretiana aporta, en este sentido, por todo lo que vengo contando, una cualificación significativa, reconocida y valorada por toda la diócesis. Nos llaman los hijos de “El Padrito”, nombre puesto, cariñosamente, por los canarios a san Antonio Mª Claret.
Hemos sabido estar siempre presentes y dispuestos a colaborar en la diócesis allí donde se nos ha reclamado y llamado. Somo una comunidad numerosa de sacerdotes en estos tiempos (8 en este momento) y hay una muy buena colaboración con el clero diocesano cuando somos llamados para echar una mano en tareas puntuales y en los campos misioneros y evangelizadores propios de nuestro carisma.
Tras la visita del papa nos toca, como religiosos insertos en esta iglesia local, seguir contribuyendo en las buenas práctica de la evangelización, crecer en los procesos de evangelización e iniciación cristiana, acompañar y ayudar a un clero diocesano que se siente desbordado ante la falta de vocaciones y la ingente tarea pastoral y parroquial y ser faro y luz
para seguir colaborando en la pastoral de migración, inserción, pastoral de la salud, educación, pastoral familiar y pastoral juvenil vocacional.
Se suele decir que lo más importante de una visita papal empieza el día siguiente a la llegada del Pontífice a Roma. Con las palabras del Papa León XIV aún resonando en el Estadio de Gran Canaria y en Arguineguín, ¿cuál es el principal reto o ‘fruto’ que la comunidad claretiana de Las Palmas asume como hoja de ruta para el futuro inmediato?
Las palabras del papa León han venido a confirmar y afianzar nuestros sueños como congregación de misioneros y como comunidad claretiana inserta en la Iglesia local.
Nos imponemos como desafíos:
1º: Sentirnos llamados, amados y enviados por Aquel que ha puesto su mirada en cada uno de nosotros. No somos llamados por Dios para tener éxito, ni nuestras obras apostólicas están sostenidas por el aplauso recibido o por la eficacia numérica, sino por la fidelidad y el agradecimiento permanentes para crecer cada día, confiadamente, en Aquel que nos ha llamado, cualificándonos para la misión a la que nos llama, en medio de nuestras propias debilidades.
Y dando verdadero testimonio de comunión, gestando ese llamado de Dios a cuidarnos unos a otros, dentro de la comunidad.
2º: La centralidad de la Palabra de Dios. Somos, por definición carismática: servidores de la Palabra de Dios. Una Palabra que hay que escuchar, guardar en el corazón, anunciar y ponerla en práctica con la propia vida.
Tenemos que poner siempre en el centro de nuestra acción misionera, en todos los ámbitos de la pastoral, la Palabra de Dios. Ella debe ser uno de los focos que iluminen esta hoja de ruta para el momento concreto de la historia que nos ha tocado vivir, sabiendo crear estructuras que nos posibiliten el primer anuncio misionero desde la creatividad, la audacia y la creatividad.
Y 3º: Ante el clamor de nuestras gentes y de nuestro pueblo, donde tantos hermanos y hermanas sufren el desarraigo de la propia tierra, un éxodo forzado por las injusticias y huyendo de la explotación de las mafias, familias y zonas marginadas y excluidas en nuestros propias ciudades o pueblos y una cultura que en muchos ámbitos no conoce o rechaza el evangelio,
debemos alzar la mirada, compasiva y comprometida, con toda la realidad social y sus propios desafíos para llevar la Buena Nueva de Dios.
Fuera de guion, doy las gracias a Dios por esta visita del papa a España y en concreto, a las Islas Canarias. Su presencia nos ha removido y urgido a seguir confiando en Aquel que nos ha llamado.
Y somos llamados, aquí y ahora, como decía Claret, a que Dios sea conocido, amado, servido y alabado por todos.

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